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1 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. En la Alta Ruta de Euskal Herria





Repaso y comparto los retazos escritos de una magnífica experiencia vivida durante una travesía pirenaica por los puntos más altos del Pirineo de los vascos.
El trabajo se publicó en la guía ALTA RUTA DEL PIRINEO VASCO donde está además la topoguía y los mapas pero recorreremos aquí de nuevo la parte más emocional de aquella travesía.


ALTA RUTA DEL PIRINEO VASCO

Alto, muy alto siempre

Este es nuestro lema: cuanto más alto mejor; cuanto más arriba más hermoso.
Con esta idea en la cabeza y también en el corazón nos vamos a lanzar a una verdadera aventura para atravesar el Pirineo vasco de oeste a este, intentando en esta alineación ir coronando el máximo de cimas posible.
La primera travesía del Pirineo de la que se tiene constancia fue realizada en 1817 por el naturalista Fréderic Parrot que en 53 días enlazó las playas de Donibane Lohitzun y de Canet. La Alta Ruta Pirenaica, HRP (Haute Randonnée Pyrénéenne) en origen, fue pensada y realizada como una travesía por las alturas por primera vez por Georges Veron en el año 1968 y se ha convertido ya en la travesía de verdad del Pirineo, más severa y comprometida que cualquiera de los GRs -10 y 11- que recorren sus dos vertientes. Es comprometida porque no hay un balizaje que ayude, el máximo son los hitos de piedras dejados por los propios caminantes; es dura porque intenta ir por los collados altos, evitando largos descensos a los valles y es aventurada porque no es una sola sino que existen varias versiones –las tres topoguías francesa (1ª edición 1974), inglesa y española no siguen trazados exactos-, hay muchas posibles variantes y es cada montañero quien debe decidir la suya, en función de su interés, de la forma física o acaso de la meteorología.
En todo esto nuestra Alta Ruta es aún más aguerrida. Dado que son sólo unas pocas etapas, hemos diseñado una travesía alta de verdad y para eso nos vamos por las cumbres, a cambio por supuesto de un poco más de fatiga pero muchas más emociones. Nos pasearemos sobre algunas alturas del Bidasoa, coronamos Larrun, nos atrevemos a subir a Atxuria y también al Autza, al Lindux, a Urkulu y Mendizar, campearemos por Okabe y nos atrevemos con la cresta del Ori. Y aún más, dibujamos en un colofón magnífico un largo espinazo de alturas sucesivas: Otsogorrigana, Barazea, Kartxela, Lakora y terminamos regalándonos la mejor mirada a todo el Pirineo desde el Anie tras recorrer el magnífico espinazo de Añelarra.

Donde la mirada tiene horizonte de mar

Las montañas del Pirineo llevan nombres vascos cuando sus alturas se van empequeñeciendo hacia el Oeste y entonces sus horizontes dejan de ser terrestres para convertirse en marinos.
La cordillera reina de las montañas de la península apacigua sus bravuras en los costados y es en el vasco donde sus laderas se tapizan de los mas hermosos vergeles de la cadena.

En el aspecto geomorfológico el plegamiento pirenaico ha influido de forma trascendental en el paisaje vasco y sus mismas elevaciones han terminado por transmitirse a la geografía del País creándose lo que se ha dado en llamar la orla vasca o arco vasco, una línea que configura el relieve con esta forma orientando al mar la zona cóncava. Las alturas de esta región se organizan después siguiendo bandas casi paralelas a la costa.
Cuando se sigue la cadena hacia el oeste, después del último dos mil pirenaico, el Ori, que eleva en Nafarroa sus 2021 metros, el nivel medio de las cumbres desciende notablemente situándose entre los 700 y 1600 metros. Algunos autores han denominado a este extremo de la cadena Depresión Vasco-Cantábrica, otros Umbral Vasco o Pirineo Vasco Cantábrico y por fin está como mas aceptada la expresión de Montes Vasco-Cantábricos. Sin embargo no hay un claro consenso para definir a esta porción del relieve montañoso que recubre a Euskal Herria pero de lo que no hay duda es de que los montes vascos y la Cordillera Cantábrica constituyen la prolongación occidental de los Pirineos y esto se manifiesta en su propia estructura tectónica y en los materiales geológicos de su constitución.
Correspondientes a la morfología cárstica y también dentro de la estructura general de los Montes Vascos, aunque bastante alejados de la línea Pirenaica como para considerarlos aquí, se levantan las sierras características de Aralar, Aizkorri, Urbasa y Gorbeia. Nuestra referencia pirenaica se refiere aquí solamente a estas elevaciones que arrancan en la proximidad al mar para elevarse hacia los sistemas cársticos de Belagua.
Es en esta región pirenaica de escasas altitudes donde además el paisaje ha permitido una mayor implicación entre los dos lados de la cadena. Se puede afirmar que el descenso en la altitud media del Pirineo vasco ha ofrecido a lo largo de la historia un espacio permeable a las migraciones biológicas de vegetación, aves y especies faunísticas en general y también a los intercambios humanos y todo ello ha condicionado en gran medida la cultura y el paisaje. En contraposición a esta permeabilidad del Pirineo Vasco el resto de la cadena ha supuesto un obstáculo evidente para las interrelaciones entre la Península Ibérica y el continente europeo.
El clima también ha tenido su influencia, con la presencia inmediata del mar como gran agente suavizador de temperaturas y servidor de humedades y lluvias empujadas siempre por los vientos dominantes del Oeste.
Cuando se observa el paisaje humanizado de estas regiones se puede apreciar que las condiciones del hábitat han generado un poblamiento rural más disperso a medida que se viaja al oeste. Las aldeas apiñadas del Pirineo Navarro han dado paso ya en el valle del Baztán a una multitud de caseríos dispersos que se mantiene en la geografía guipuzcoana hasta las ciudades costeras.
El mar y la actividad que el corredor de comunicación han propuesto a las orillas del Bidasoa han permitido a las poblaciones costeras alcanzar un gran desarrollo histórico relegando a las gentes de las montañas a una ocupación estrictamente agrícola.
La industria y el crecimiento comercial se han adueñado de las tierras que se extienden a lo largo de los valles como en la extensa bahía de Txingudi, entre Hondarribia e Irún, y el poblamiento rural persiste en las alturas, como sucede en los valles navarros de la divisoria o al pie de los macizos fronterizos de Aia y Adarra/Mandoegi.
El montañero que se aproxime a este extremo pirenaico podría percibir por estas circunstancias un mundo de fuertes contrastes entre la montaña y las poblaciones del valle. A muy corta distancia de las últimas elevaciones pirenaicas: las peñas de Aia o el cordal costero de Jaizkibel, se sitúan ciudades de alta densidad de población como Oiartzun, Irún, Hondarribia, Rentería, Pasajes o la misma Donostia/ San Sebastián.



Los paisajes que envuelven estos entornos rurales son siempre verdes y notablemente tranquilos o solitarios a pesar de su proximidad con las grandes poblaciones. A lo largo de la historia estas montañas fronterizas han sido escenario de innumerables acciones humanas: pastoreo prehistórico, trabajos mineros, escaramuzas guerreras o paso de contrabandistas. Todo ello ha contribuido a crear un rico universo de leyendas y de historias populares que revisten a este extremo del Pirineo de singularidad e interés.
En el aspecto humano hay que advertir a lo largo de los tiempos la huella de una sucesiva explotación de estas alturas como recurso económico. El pastoreo de los primeros pobladores vascos y sus rituales religiosos ha dejado notables testimonios megalíticos que pueden verse todavía hoy en numerosos puntos estratégicos y nos saldrán al paso cuando caminamos sobre la cadena. También la cultura romana encontró en este extremo del Pirineo uno de los mejores accesos a la península Ibérica y dejó su testimonio en los restos de puertos y asentamientos localizados en la ciudad de Irún pero también en las minas de hierro explotadas en las entrañas de las Peñas de Aia, las mismas que más tarde han ofrecido material abundante para las numerosas ferrerías que se asentaron en los valles y monumentos erigidos a sus conquistas o pasos históricos como el trofeo de Urkulu.
Los extensos y ricos bosques de hayas que poblaron las laderas de las alturas sufrieron durante largo tiempo una intensiva explotación pero el amor de los vascos por su tierra impidió que terminaran siendo esquilmados y todavía hoy se pueden disfrutar sus frescas y recónditas umbrías, en las cuales habitan además especies animales todavía típicas del área pirenaica.



5 de octubre de 2017

Castros, fortificaciones y escenarios de guerra

Caminando sobre las huellas de la historia
(De la introducción al libro "Excursiones a castros, fortificaciones y escenarios de guerra")


Viajamos frecuentemente con prisa y nos limitamos a reconocer en el horizonte, acaso recortando su silueta sobre una colina o una montaña, una ruina, tal vez lo que nos parece un castillo, acaso un torreón que casi nunca identificamos. De esos vestigios en piedra ordenada, de muros que se convirtieron en atalaya, de defensas, apenas elevadas sobre el suelo de tan arruinadas, está la geografía vasca repleta.
Curiosamente, muchas de esas primeras localizaciones que ahora reconocemos como defensivas no fueron mucho más que las primeras organizaciones del hábitat de los vascos, los primeros poblados, los que podemos casi llamar primeros pueblos de nuestros antepasados.
Construidos en los tránsitos de hace casi dos milenios, entre la Edad del Hierro y las primeras incursiones de la cultura de Roma por nuestra geografía, aquellos “castros” se están sacando constantemente del silencio. Sucede por toda Euskal Herria, mientras los arqueólogos intentan desentrañar algunas de esas páginas menos conocidas de nuestro tiempo pasado para saber cómo aquellos vivieron y cómo recorrieron el territorio.

Muchas montañas, tantas colinas como busquemos, están surcadas por muros camuflados, por trincheras que dibujan el relieve insospechadamente. Y debajo de cada una de esas huellas, que en algún momento de vida insegura e incertidumbres las gentes grabaron sobre el terreno, están sepultados muchos episodios bélicos, también en ocasiones mucha sangre derramada. Es ahí donde el paisaje oculta el pasado pero donde vamos a encontrar valiosos pedazos de memoria que parecen esperarnos para relatar a fondo algunos sucesos vividos sobre la corteza de nuestro territorio y para enseñarnos al mismo tiempo lecciones para un futuro en el que la guerra, que siempre parece tan próxima, nunca debiera repetirse.

De nuevo hemos buscado un pretexto cultural para echarnos al campo en busca de naturaleza con historia y memoria. Los caminos que llevan a estos destinos singulares nos llevarán a descubrir excepcionales atalayas por toda la geografía de Euskal Herria a las que se asomaron habitantes muy antiguos, vigilantes y soldados defendiendo fronteras o simples poderes territoriales.




2 de octubre de 2017

REEDITADO




No, no voy a hacer dinero. Esta vez tampoco. Publicando libros de Euskal Herria no se hace dinero. Ni siquiera cuando uno de esos títulos que firmo como autor anuncia su segunda o su tercera edición. Pero esa sí es una buena noticia, más que por la economía, porque la respuesta pública indica que algo habremos hecho bien. En esa lista de reediciones están dos trabajos aún jóvenes: “Rutas por los bosques más bellos” y “Excursiones a nacederos ” y, a decir verdad, no se realizaron sin esfuerzo. Hubo mucho trabajo de gabinete para investigar e indagar sobre aspectos que no estaban publicados, mucho trabajo de campo a lo largo de todas las estaciones del año para tener un completo abanico visual. También hay innovaciones y desmentidos sobre tópicos geográficos o descubrimiento de escenarios inéditos en la bibliografía al uso. No lo voy a negar, también he aprendido, disfrutado, y descubierto aspectos de mi país que no conocía en este recorrido. 
Acostumbro a decir que sólo trabajo en lo que me permite ser un poco más feliz. Lo fui en busca de las aguas recién nacidas y caminando bosques recónditos, fotografiando manantiales, primaveras y otoños, incluso crudos inviernos. Aguas y bosque, bosques y agua se detuvieron en fotos y palabras. Reeditados.

10 de julio de 2016

PARAJES INOLVIDABLES. DOS PORTADAS






Vamos avanzando en la maquetación de contenidos de PARAJES INOLVIDABLES y ahora tenemos dos portadas diferentes: tierra y mar de dos lugares que estarán en las páginas del libro. Queremos escuchar opiniones aunque nos consta que hay quien ya conoce estos lugares.
¿Cuál de ellas os parece más evocadora?
¿Cual os provoca más ganas de ir a conocer y fotografiar a esos lugares?
Os escuchamos

Santi




1 de abril de 2016

Caminando sobre el océano








Por los mejores escenarios de la costa de Euskal Herria

Ya quisiéramos, ya, ser capaces de caminar sobre el océano. Pero todavía no, todavía no es posible hacerlo literalmente aunque sí, rizando el rizo sobre esa expresión literaria del titular, hacerlo sobre la tierra que baña el mar. Y eso de caminar por donde el mar suena es toda una experiencia de múltiples emociones sensoriales, porque sentir la tierra bajo los pies mientras se escucha el batir del oleaje y se respira el iodo marino solo puede hacerse de aquel modo: “caminando sobre el océano”.  
Casi sería lo mismo decir que hacemos montañismo en el mar o, jugando a buscar equivalencias, que llevamos la experiencia de las montañas sobre la costa. Esa era una parte de nuestro propósito cuando establecíamos el guión de este libro que nos mueve: experimentar la práctica del caminante pero sin montañas como referencia, convertida esta en el mar, siempre el mar. Otro de nuestros propósitos ha sido intentar desentrañar y traer a la luz algunos misterios, acaso recontar algunas leyendas o desmontar otras teorías mal defendidas sobre los mundos que se relacionan con nuestro mar, ese viejo Golfo de Bizkaia para los marinos. ¿Por qué hay piedras redondas con agujero en nuestros acantilados? ¿Por qué las mareas esconden o desvelan rocas a capricho? ¿Por qué el sol no sale o se marcha siempre por el mismo horizonte del mar?
Tampoco podríamos haber evitado aproximarnos a excelsos paraísos donde las olas baten a capricho pero también han sido creadoras de paisajes, formas y relieves fantásticos. Por allí van también nuestros caminos costeros, a veces escondidos del mar, otras muy cerca del salitre. Caminamos también por parajes donde algunos privilegiados levantaron mansiones de mirada lejana, donde las voluntades guerreras instalaron defensas o fortificaciones, castillos y trincheras. Claro, en el mar no pueden faltar las referencias de tierra para quienes navegan; están las montañas que los marinos utilizan como señales para moverse sobre el océano y a nosotros nos sirven de tierra para explorar y están también esas señales luminosas que cobran vida con la noche y nosotros convertimos en aliados de nuestro viaje. ¡Cuantos territorios diferentes para el viaje curioso!
Pero que nadie piense que somos descubridores de mundos. No hemos inventado nada porque ya sabemos que los primeros caminos sobre nuestras rasas mareales no los hicieron ni los montañeros ni los exploradores sino los vecinos de los caseríos que sabían dónde encontrar las mejores pescas, los agujeros donde se escondían los pulpos y cómo sacarlos de allí para hacer su olarrosopa; acaso también algunos avezados marineros que buscaban escondidas calas para atracar allí sus embarcaciones, peregrinos que pisaban viejas calzadas o, tal vez, modernos cosechadores de algas. Los caminos terrestres ya estaban y nosotros los recorremos leyendo su alma y haciendo sobre ellos nuestro propio camino que siempre es interior. Esta vez con la mirada puesta en el océano.


De este a oeste, caminando con el sol
El libro “los mejores paseos por la costa vasca” desarrolla una lista de propuestas senderistas de todos los niveles y dificultades, en su mayoría accesibles a todos los públicos, siempre sobre los paisajes costeros de Euskal Herria.
Una decena de rutas tienen la costa de Lapurdi como escenario, una veintena larga caminan la costa guipuzcoana y también pasan de la veintena las que se mueven frente a los mares de Bizkaia, de modo que quien decida recorrer algún día todo este inventario de senderos podrá terminar presumiendo de conocer perfectamente la costa vasca.
El índice de nuestro trabajo se ha desarrollado de este a oeste por seguir el recorrido solar y marchar con su luz iluminando los caminos de modo que cada itinerario o propuesta se puede realizar de modo independiente aunque también hay alguna propuesta para recorrer largas distancias enlazando varias rutas consecutivamente.
En los itinerarios que lo requieren proporcionamos un mapa del recorrido y todos están acompañados de una ficha técnica y sugerentes fotografías que ayudan a saber qué es lo más bello de cada rincón costero.


24 de noviembre de 2015

En lo que estamos: Goitik Behera/De arriba abajo.





No es un secreto. Pero por laborioso y exigente de concentración no es un acontecimiento que debiera convertirse en anuncio ni cosa noticiable.
Después de más de treinta años enredando entre libros, fabricando contenidos para ser impresos en papel y que están ya depositados hasta la fecha en más de treinta títulos he podido vivir por primera vez la experiencia del creador total: elaborar una idea, llevarla a cabo sobre el terreno, producir su puesta en página y estar a pie de máquina en todo el proceso de fabricación (por cierto, no agradezco nada a los editores haberme hurtado esta posibilidad); y terminar ese mismo proceso en el mostrador de ventas, con la puesta de rostro al nombre y a la firma para que cada cual cierre ese contacto ilusorio que muchas veces presupone con el creador reduciéndolo a una imagen ficticia.
Goitik Behera o De arriba abajo es mi último enredo fotográfico. La terminación, por fin, o acaso solo un recomienzo, de un proyecto que me hierve en la recámara desde que un día comencé a volar sobre Euskal Herria, el país de los vascos, hace casi una quincena de años pero que comenzó a tomar forma de imágenes aéreas desde hace unos diez años. 
Muchas fotografías, muchas imágenes de fácil, o también complicada, lectura querían ver la luz que un día las fabricó a través de una lente de cámara.
Ningún editor quiso el compromiso de apostar y ahora yo estoy reconvertido también a ese oficio. Yaniz fotógrafo es también Yaniz editor.
Es en lo que estamos; en fabricar dos libros, uno gordo y más convencional, otro delgadito y más personal, para dar vida a esa mirada vertical que apasiona al fotógrafo.
No quiero eludirlo porque ha sido importante la compañía comprometida en esta última fase de David Ozkoidi, navarro de Sangüesa, y artífice del diseño y maqueta de los libros pero también de la edición de los vídeos que se unen a este proyecto.
Del resultado final sabrán primero quienes se acerquen en poco más de una semana, entre el 4 y el 8 de diciembre, por Durangoko Azoka. Estará a la vista, Goitik  behera, De arriba abajo.
Para poner un poco de miel véase este booktrailer primario, habrá otro más extenso, un auténtico making off en breve.



19 de noviembre de 2015

Bahía de La Concha. San Sebastián. Gipuzkoa




“Irutxulo”, tres agujeros, es el apelativo familiar de la Bahía de San  Sebastián, una combinación perfecta de armonías. Hay una media luna con isla –Santa Clara- y dos atalayas con encanto -colinas de Igeldo y de Urgull- que definen dos agujeros; el tercero lo hace Urgull con el monte Ulia, abrigando a sus pies la desembocadura del Urumea y la playa de la Zurriola.
Estremece recordar que alguien pensó en el siglo XIX cerrar la bahía para crear en ella un gran puerto mercante con todas sus infraestructuras. Menos mal que decidieron diseñar una ciudad para ser admirada y para disfrutar de sus aires de mar, cuidaron sus hermosuras y potenciaron en ella las artes de vivir y contemplar.
Por eso no es extraño que la bahía más bella de Euskal Herria atraiga cada años a miles de viajeros de todo el mundo.

Este es uno de los textos y una de las imágenes aéreas de proyecto que se gestiona durante estos días en esta tierra. "De arriba abajo", una mirada de fotógrafo extraordinaria al país de los vascos.




17 de abril de 2015

Más ventanas a los abismos


SARTZALETA

Sigo en busca de vacíos por los paisajes vascos, como si la primera intentona con resultado de libro no hubiese sido suficiente. Ahora con la ayuda que algunos nuevos colaboradores entusiastas me están prestando. 
Lo cierto es que este trabajo ha incentivado una mirada distinta a muchos espacios ya conocidos tiempo atrás y nuevos descubrimientos. Porque, después de mucho tiempo de mirar hacia arriba, de buscar cumbres a las que subir, de escudriñar sus caminos y de conocer país con todos los sentidos nos siguen quedando tareas pendientes. Sí, asomarnos a algunas ventanas para mirar más a fondo es una de ellas.
¿Ventanas? Esta es una de las denominaciones que han recibido en nuestra geografía las distintas formaciones geológicas que cruzan murallas de roca, escarpes o se elevan al cielo caprichosamente en forma de arcos pétreos. Pero además de ventanas se repiten en la toponimia denominaciones como “el ojo de…”, “peña horadada”, “arco”, “agujero” o “túnel”.
¿Mirar por las ventanas? Ese es el objetivo, pero de nuevo el interés está sobre todo en el camino y en la indagación.
Tanta vuelta por nuestro país de verdes, bosques y rocas me había permitido descubrir algunos de sus ojos naturales y quedar impresionado por su presencia magnífica y sus posibilidades para recrear fantasías y descubrir las raíces de algunas mitologías ancestrales.
Ya cuando había visitado algo más de una veintena de ventanas pensé que aquello daba para un reportaje de las geografías agujereadas en Euskal Herria. Me equivoqué rotundamente, porque desde que me puse a la tarea de investigar, “trabajo de gabinete” le llamamos los fotógrafos, y extender mi búsqueda a la complicidad de amigos y apasionados de los paisajes raros como yo mismo, aprendí de lo mucho que me quedaba por saber, que de veinte ventanas pasaba enseguida a más de cincuenta y de que aquel soñado reportaje se podía convertir en un libro.
Ahora, tras la indagación que concluyó en el que ya sé que solo es un primer libro, y que me ha llevado por insospechados rincones de nuestra geografía ya ni recuerdo las veces que me he escuchado decirme a mí mismo: ¡Vaya sitio! ¡Qué naturaleza! ¡Qué fantástico!
Asomar a los abismos mirando desde atalayas impresionantes, descubrir texturas de rocas acariciadas y destruidas por los elementos, y escuchar el ulular del viento soplando por estos antros solemnes solo es posible echando pie a tierra y buscando en los paisajes. Bueno, tengo que confesar que también me he tenido que arrastrar por el suelo alguna vez y de eso sabrán bien quienes sigan mis pasos en busca del vacío pero eso también forma parte de esta experiencia increíble. A veces el precio de las sorpresas es justo ese: el esfuerzo y sostener la esperanza de saber que al otro lado hay un regalo de paisajes.
Sí, son los ojos de la tierra los que nos observan en este viaje, una naturaleza que abre sus entrañas a través de pasillos labrados por el tiempo. Es un periplo sin precedentes por las ventanas naturales que desde todos los territorios de Euskal Herria miran al vacío o asoman a los paisajes infinitos.
En el primer trabajo se recopilan cincuenta destinos pero suman muchas más ventanas. Aquí llega un nuevo desafío: si alguien se anima a contarlas estaré encantado de escuchar a qué cifra ha llegado porque yo me confundo y no me atrevo a hacerlo. Y explico por qué: llegué un día a contar hasta diez donde solo parecía haber una; descubrí lo que supongo era un cazadero prehistórico donde siempre nos han dicho que había un puente fabricado por los gentiles pero además allí había –hay todavía- ¿cuatro, cinco, seis…ventanas? Soy incapaz de contarlas pero puedo imaginar mil historias que suceden allí abajo, allá adentro. Y aún más: me atrevo a llevar la mirada de artista al espacio vacío para encontrar en él al niño que inventa planetas en el aire.
Sí, hay muchos modos de mirar a las ventanas. Se puede ir simplemente de coleccionista de lugares raros, se pueden aprender lecciones de geología suprema y también se puede ir de filósofo a meditar sobre la naturaleza misma. En las ventanas están los contrastes, las armonías, las formas orgánicas pero hay además siempre algo mucho más profundo que la primera lectura que nos proponen. ¡Buen viaje!

  
IRUNBERRI-LUMBIER, Sierra de Leire


Huir de los tópicos
Salirse del tópico. Quizás esa ha sido la pauta de mi vida, de la montañera y también de la profesional. Y claro, ir de bicho raro por el mundo conlleva que a menudo te miren torcido.
Pues con mis Ventanas he querido huir de nuevo de tópicos excursionistas. Nadie había hecho todavía una colección tan interesante y amplia y lo mejor es, tanto como el resultado, la fascinación de la tarea.
Ese mismo propósito indagador me ha guiado en los tres trabajos publicados bajo el abrigo de EUSKAL HERRIA: BOSQUES, NACEDEROS y ahora VENTANAS: buscar lo escondido con mirada propia y releyendo los paisajes, ir más allá de lo evidente para saber qué hay al otro lado. Y así he podido descubrir parajes inéditos que poca gente había visitado en un largo viaje que ha durado casi un año y medio. Muchos kilómetros recorridos, muchos caminados y mucho repaso de documentación nos han traído hasta aquí con la satisfacción de estar aportando matices desconocidos de Euskal Herria.
En Ventanas Naturales viajamos a cincuenta destinos, alguno de ellos proponiendo un recorrido natural con varias ventanas en el camino. Son la mayoría itinerarios para todos los públicos, buscando los recorridos más amables y rápidos, pero también los hay que piden aventura. En el interior la mayoría pero también en las costas, hay ventanas que se pueden cruzar pero no todas, arcos que pueden pisarse cómodamente, otros imposibles. Ventanas Naturales es sobre todo una invitación a la fantasía en la naturaleza más salvaje.

 
KAPITATE. Sierra de Iturrieta

PASO DEL OSO. Sierra de Leire




23 de octubre de 2014

Agua somos





¡Qué maravilla el agua! ¡Qué bellos son los ríos! ¡Qué hermosura verlos nacer!
Qué momentos interesantes entregan cuando se alcanzan sus fuentes, cuando allí se les escucha la caricia de la tierra y de la vida, limpios y transparentes, sin más experiencia que la de un recorrido subterráneo que casi siempre tenemos como desconocido.
Porque hay algo de misterio en cada una de las fuentes fluviales que mana al pie de nuestras montañas. No hay dos iguales; unas escupen sus aguas violentamente, otras las dejan deslizar con amabilidad y dulzura entre praderas floridas o escurriéndose mansamente entre rocas y peñascos,  algunas incluso obligan a sus gotas reunidas a despeñarse en abismos y cañones insondables y también hay manantiales que se esconden en las mismas entrañas de la tierra.
Marchar en busca de las fuentes plantea a veces como primer reto saber cuál es el agua primicia de un río, discernir sobre la verdad del nacedero oficial o proponer alternativas y en otras ocasiones, a sabiendas de que nuestro destino es secundario, seguir caminando en su busca porque nos apetece ver más allá de lo que conocemos.
He jugado con buenas compañías constantemente a esta diversión en el proyecto de búsqueda de nuestros nacederos. Y en este juego hemos encontrado historias singulares que nos cuentan muchas cosas de nuestros ríos. Hemos descubierto debates y litigios sobre las fuentes verdaderas que determinan la propiedad de las aguas, discusiones eternas sobre ríos principales y afluentes, sobre quién debe llevar el nombre al llegar al mar y también que muchos de los ríos que conocemos tienen nombres que ignoramos cuando aún son unos recién nacidos.
Sí, hay ríos largos y cortos, caudalosos y exiguos pero pocas veces hay una relación entre aquello y su fuente. Y por eso nuestra indagación ha escudriñado toda la geografía vasca para detenerse en aquellos lugares que ofrecieran rincones de descubrimiento al viajero que gusta de naturaleza, paisajes y alma de país.
En esto lo mejor, como casi siempre, no es el resultado, es el camino andado. Para quien desee aproximarse a esta experiencia este trabajo recién nacido solo es una buena excusa para iniciar el sendero. A los nacederos de Euskal Herria.





15 de abril de 2014

Los bosques más bellos. Un libro





Lo dije hace un tiempo: andaba “emboscado”. Ahora los bosques que me tenían bajo sus sombras protectoras, escudriñando el rastro de los caminos sobre la nieve o escuchando el sonido de la lluvia sobre sus arroyos tienen luz en forma de libro.
Se llama “RUTAS POR LOS BOSQUES MÁS BELLOS” y propone el descubrimiento de los mejores paisajes forestales de Euskal Herria. En unas sesenta propuestas, un buen número de planes y recorridos para escaparse a la naturaleza y encontrar ejemplares raros, paisajes simétricos o manchas forestales únicas. Paisaje puro siempre.
Lo edita SUA en la joven colección que recoge la línea de la revista EUSKAL HERRIA y ya está en las librerías.




Así comienza el relato de la introducción:
Aquel día yo caminaba en solitario, tanteando con cuidado la hojarasca que escondía todos los senderos, intentando orientarme en el hayedo. Ni un soplo de aire, solo el murmullo de un arroyo que debía estar lejos, tampoco algún sonido humano; oía pajarillos comunicándose con sus trinos que resonaban como caricias en el bosque. De pronto, a la vuelta de un recodo, me encontré frente a frente con la mirada de cuatro pupilas alargadas. El susto duró un instante, porque tan corto como veloz fue el salto que puso a la carrera a dos bellísimos corzos. Pude verles con admiración durante un largo trecho galopando una empinadísima ladera que sería impracticable para un bípedo. Luego volvió el silencio, de nuevo roto por mis pisadas en la hojarasca. Nunca se me olvidará aquella feliz sorpresa entre los vetustos troncos de Altube.




19 de enero de 2014

El alma en las fotografías


Ahora me ha tocado explicarme. Hablar de mí y de mi trabajo, de las motivaciones, de lo que me mueve y cómo miro al país que habitualemente fotografío. El semanario Ortzadar lo ha publicado ayer en formato de artículo-entrevista cuyo titular lo resume así: "prefiero atrapar el alma en las fotografías".
Es un artículo en euskera que se ha ilustrado con algunas imágenes inéditas.







14 de octubre de 2013

Euskal Herria se muere





El anuncio definitivo ha llegado esta semana. Euskal Herria vive sus últimos días.
No nuestro país sino nuestra revista.
Cuando se cumple su décimo aniversario descubriendo este magnífico territorio las leyes del mercado y su selección natural, como en la misma jungla, impiden que el proyecto editorial se sostenga.
Una carta remitida por el editor a suscriptores y colaboradores avisa de esta sentencia: el número que se publicará en diciembre-enero será el último.
Personalmente voy a sufrir un dolor severo, también en el bolsillo, pero sobre todo en el alma porque la vi nacer con una importante implicación personal, disputé mucho durante su vida con editor, directores y diseñadores aportando mi entender personal sobre contenidos y sobre línea de estilo e imágenes. Pero hay algo que de verdad echaré de menos: la justificación necesaria, excusa solía llamarle yo, para echarse al campo con mirada investigadora, para indagar y profundizar en aspectos de nuestra tierra que de otro modo pasarían desapercibidos. He podido así aprender más sobre mi propio país y esa motivación era un aliciente.
De momento el proyecto no muere del todo, y eso va a depender de los suscriptores fieles, porque se ha previsto la edición de seis monográficos anuales. Sobre dos de ellos ya estoy trabajando: bosques y nacederos de ríos me verán buscando sus mejores momentos en los próximos meses.
Desde aquel primer número que se abría con una imagen de mi cartera hasta el que aún está cerrándose hemos aprendido y trabajado mucho. Vendrán tiempos mejores, seguro.

REVISTA EUSKAL HERRIA. Primer número

14 de agosto de 2013

Hacer país en imágenes







 




 Hacer país  es también contar lo bueno que cada uno tiene en su casa o en su tierra. Yo me siento bien en el mío y por eso disfruto enseñando sus virtudes y sus rincones hermosos. Eso va también con mi doble oficio de contador en letra e imagen que me permite constantemente buscar y crear para enseñar. Pero este círculo no podría cerrarse si no existiera el camino de los medios de difusión y el contacto final con los lectores. Es un círculo donde es imprescindible cada eslabón de la cadena, todos en riesgo en los tiempos de cambio y economía difícil. Afortunadamente todavía puedo seguir haciendo país en mi vida cotidiana. Ahora exportando de nuevo imágenes de rincones que quiero: Urdaibai y los paisajes de Orreaga-Roncesvalles, que se verán en varios miles de hogares de Iparralde gracias a la apuesta de Ibilka, el medio creado por la singular Banque Inchauspe que también hace país en lo económico. Sigo viajando en este país hermoso y lo seguiré contando. Gracias a los lectores por seguir cerrando el círculo.