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17 de noviembre de 2011

Peligro: cazadores


Visten de verde, algunos lucen un machete a la cintura, todos llevan consigo un walkie-talkie –a menudo ilegal-, se agrupan en cuadrillas de diez o más “amigos” y aparcan notables hileras de todoterrenos bien dotados. Tomarse un café antes de la amanecida en estos tiempos de otoño supone convivir con ellos en una barra casi monopolizada por lo verde. Y esto obliga a escuchar peripecias de lo cotidiano estos fines de semana de citas para las batidas, monterías o esperas de caza.
-         Yo para una cierva no voy a ningún lado, si fuese un buen macho y te dicen que además hay muchos jabalíes, todavía; hay cazadores que van a por carne, y eso la mayoría, pero yo sólo voy si hay buenas piezas, si vas a encontrar un poco de emoción…
-         Anda, que decir por la emisora que había matado un arrendajo, eso si se hace no se dice…son de esos jóvenes que en cuanto ven algo moverse tiran
¿Qué tiene que ver esto en las historias de un fotógrafo montañero?, me dirán. Pues simplemente que fotógrafos y montañeros madrugamos y todos amamos ese territorio donde el aire es puro y el viento limpio y donde acostumbramos a cruzar miradas de horizontes largos con carreras o vuelos de animales libres. Nosotros a veces soñamos con llevarnos eso en imágenes. Ellos, los de verde, almuerzan bien casi siempre, pasan frío a menudo, se esfuerzan lo mínimo, erosionan en abundancia con sus potentes 4x4, siembran el paisaje de cartuchos. Son depredadores instintivos pero no por eso alejados de la tecnología. Sus perros ya llevan collar con gps y hasta hay aplicaciones para localizarlos con el móvil. Pero eso no impide que uno se los cruce -a los perros y a los cazadores- unos buscándose a otros tras una montería, unos a pata, extraviados, los otros en su todoterreno  rastreando la onda del gps.
Entre todos, sólo algunas cosas en común.
Lo dice la señal: ¡peligro: cazadores!


12 de diciembre de 2010

Regalo helado

El otoño ha sido casi fugaz, con el frío adelantado y sus primeras nieves. Terror en las carreteras, protagonismo mediático de lo que sólo es natural invierno y paisajes hermosos. Oportunidades de oro para trepar a las alturas pisando duro o blando pero sobre blanco. Y para aprovechar el regalo helado del temporal muy cerca de casa.
En el San Lorenzo riojano los cierzos se esforzaron por ahuyentar a los paseantes pero pudieron labrar curiosos relieves de frío merengue. Hermosos.



18 de noviembre de 2010

Trabajar emocionándose y emocionarse trabajando


Es bastante habitual que a los fotógrafos se nos encasille en una u otra especialidad, casi siempre aquella por la que se nos ha publicado más o ha resultado más mediática. Pero eso no significa que a menudo detrás de una especialización profesional no existan los trabajos personales o áreas menos conocidas pero también practicadas.
Mi faceta más conocida es probablemente el trabajo sobre el paisaje y la montaña pero detrás hay una importante ejecución por ejemplo sobre el patrimonio vasco -industrial, religioso, arqueológico- con un importante fondo en los archivos públicos y numerosas publicaciones en estas materias que solo los especialistas conocen.
Viene esto a cuento porque acaba de presentarse el último disco de Kepa Junkera que bajo el título de HERRIA ofrece un recorrido de las canciones vascas por medio mundo, la tercera entrega de la trilogía que tuvo compañía en ETXEA y KALEA. Y he tenido la satisfacción de viajar con estos proyectos por el mundo con el pretexto de enfocar mis objetivos sobre las calles, los pueblos, las gentes y sobre todo de músicos y cantantes.
Bueno, pues esa es otra de mis especialidades; nacida precisamente de la curiosidad de indagar en este mundo musical por vocación propia y propagada después gracias a haber logrado una marca personal. Así el que nació como fotógrafo-montañero termina por ser también fotógrafo musical. Ya son unas cuantas las portadas de discos que llevan mis imágenes por el mundo, muchas carpetas, posters, algunos libros, revistas…
La razón de todo ello es la búsqueda de experiencias y emociones a través del trabajo. Porque la economía, siendo importante, no lo es todo. Y en esto trabajar con los músicos le pone a uno las pilas. Son creadores entusiastas y su alma se contagia rápidamente. Es lo mejor que a uno le puede pasar: trabajar emocionándose o emocionarse trabajando.




ATOM RHUMBA