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1 de febrero de 2012

¿Es peligroso estar detrás de la cámara?

Nuestro oficio es hermoso y gratificante, casi siempre. Vaya esta reflexión por delante. Pero algunas de las especialidades que practicamos son ciertamente expuestas al riesgo. Lo digo recordando aquel comentario que escribí diciendo que no existen las enfermedades profesionales para los fotógrafos y cámaras de televisión cuando un compañero intenta en el hospital de Huesca luchar para salir de un difícil trance sufrido en las montañas.
Eukeni había partido con sus compañeros David y Carlos al Bisaurin con la finalidad de grabar imágenes para los documentales que en ETB realizan para el programa KTX. De regreso resbaló en la pendiente helada y su piolet no pudo detenerle estrellándose contra las rocas. Lo primero que le salió fue la preocupación por la cámara pero los problemas estaban en sus piernas y en sus costillas.
Con Eukeni me ha tocado trabajar a menudo compartiendo complicidades como la pasión por el trabajo, el espirutu de esfuerzo y ese gesto de poner todas las ganas para hacerlo bien. A él también le gusta madrugar para ver pintarse las luces de la mañana, a él también le gustan les montañas, a él le gusta contar historias con sus imágenes. Porque es un luchador sé que va a imponerse a las dificultades de sus lesiones pero le va costar trabajo.
Estar detrás de la cámara no es en sí peligroso pero marcharse a las montañas, seguir el paso en la nieve sin huella, soportar el frío y vencer las adversidades ofrece riesgos. Si se anda tropezar es posible y eso nos pasa algún día a casi todos.
¡Tened cuidado en los caminos y en las montañas!







17 de noviembre de 2011

Peligro: cazadores


Visten de verde, algunos lucen un machete a la cintura, todos llevan consigo un walkie-talkie –a menudo ilegal-, se agrupan en cuadrillas de diez o más “amigos” y aparcan notables hileras de todoterrenos bien dotados. Tomarse un café antes de la amanecida en estos tiempos de otoño supone convivir con ellos en una barra casi monopolizada por lo verde. Y esto obliga a escuchar peripecias de lo cotidiano estos fines de semana de citas para las batidas, monterías o esperas de caza.
-         Yo para una cierva no voy a ningún lado, si fuese un buen macho y te dicen que además hay muchos jabalíes, todavía; hay cazadores que van a por carne, y eso la mayoría, pero yo sólo voy si hay buenas piezas, si vas a encontrar un poco de emoción…
-         Anda, que decir por la emisora que había matado un arrendajo, eso si se hace no se dice…son de esos jóvenes que en cuanto ven algo moverse tiran
¿Qué tiene que ver esto en las historias de un fotógrafo montañero?, me dirán. Pues simplemente que fotógrafos y montañeros madrugamos y todos amamos ese territorio donde el aire es puro y el viento limpio y donde acostumbramos a cruzar miradas de horizontes largos con carreras o vuelos de animales libres. Nosotros a veces soñamos con llevarnos eso en imágenes. Ellos, los de verde, almuerzan bien casi siempre, pasan frío a menudo, se esfuerzan lo mínimo, erosionan en abundancia con sus potentes 4x4, siembran el paisaje de cartuchos. Son depredadores instintivos pero no por eso alejados de la tecnología. Sus perros ya llevan collar con gps y hasta hay aplicaciones para localizarlos con el móvil. Pero eso no impide que uno se los cruce -a los perros y a los cazadores- unos buscándose a otros tras una montería, unos a pata, extraviados, los otros en su todoterreno  rastreando la onda del gps.
Entre todos, sólo algunas cosas en común.
Lo dice la señal: ¡peligro: cazadores!