17 de enero de 2021

Seguir volando, por supuesto


Ya son más de 2.000  los vuelos realizados desde que comencé pilotando drones de modo profesional. No me arrepiento y cada día descubro nuevas experiencias y nuevas imágenes por seguir volando. Para lo convencional, el trabajo documental, pero también para descubrir lo extraordinario a la vista y experimentar.

Ayer hice mi último vuelo en Gipuzkoa, mañana espero poder hacerlo en algún lugar del Pirineo. 

Con la ley europea en activo es de esperar que las operaciones de vuelo se faciliten pese a la todavía deficiente gestión de AESA. Cada día son más quienes vuelan drones donde no pueden hacerlo y es de esperar que se respeten cada día más las normas en beneficio de todos, por seguridad y por una buena imagen de estas fantásticas máquinas que vuelan. 

El volcado de los vuelos en AIRDATA entrega unas cifras bonitas que dan idea del trabajo realizado en los 4 años de operador: 208 horas de vuelo, 1.068 kilómetros recorridos, 15.468 fotos, 6.500 vídeos, 7 drones operados. Seguiremos volando y disfrutando.

                                           Airdata UAV|Drone Safety Verified Badge











7 de noviembre de 2020

"BURDINURA" finalista en el italiano CITTADELLA GEO FILM FESTIVAL




Así dice la noticia:

La pieza audiovisual creada por Santi Yaniz y Anton Lazkano para la exposición “Burdinoletan zehar. Bizkaia, territorio ferrón”, es finalista en el italiano CITTADELLA GEO FILM FESTIVAL de Venecia entre más de 500 documentales presentados. 

Burdinura es el audiovisual que de forma mágica introduce al visitante en la exposición “Burdinoletan zehar. Bizkaia, territorio ferrón”-, que se inauguró en julio de 2019 en la Ferrería de El Pobal. Esta muestra nació para ofrecer una visión panorámica y actualizada del patrimonio ligado a la industria tradicional del hierro en Bizkaia. Un legado cultural tan rico como desconocido.

Burdinura son tres intensos minutos de poesía visual, que sus propios creadores, Santi Yaniz y Antón Lazkano, definen como “un viaje emocional desde el monte Kolitza hasta el Golfo de Bizkaia”, un viaje que evoca el periplo del agua “que hace hierro”, a través del Paisaje Industrial Cultural del río Barbadun. Una delicia para los sentidos y una forma diferente de poner en valor el patrimonio, en este caso del hierro y del agua, desde la estética y la emoción.

Burdinura fue un intenso trabajo de grabación a lo largo de tres meses en busca de luces, ambientes y escenarios a lo largo del cauce del río Barbadún, en Bizkaia. Cámaras en el aire, colgando de cables, bajo el agua y a mano, siempre trabajando con luz disponible. Muchas horas de grabación que Anton Lazkano revisó para sacar segundos enérgicos con los que crear gracias a su maestría un potente e intenso audiovisual.

En el III Citadella GEO FILM Festival Burdinura pasó la primera selección de los 100 documentales que se han proyectado en la bella ciudad medieval italiana, todos con una duración máxima y temática en torno al medio ambiente y los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua.

El próximo día 21 de noviembre se conocerá la película ganadora del gran premio: Premio Internazionale di Cinematografia “The Golden Earth” y también los galardonados por la mejor dirección, mejor tema y mejor guion de este certamen donde el público que asiste al festival ejerce de jurado.


Quedan unos pocos días pero saber que un trabajo hecho con pasión y mucha paciencia es reconocido lejos de casa y es finalista en un festival entre varios cientos de películas con mucho presupuesto y no pocas ya galardonadas en otros festivales es un empujón para seguir en la brecha. Estar ahí ya es un premio. Lo dicho: seguiremos trabajando en imagen fija y en imagen en movimiento. 
 
El video puede verse también en youtube en el canal de Bizkaia

















19 de octubre de 2020

Volando con la música UDAGOIENEKO OSTERA HEGAN

 Sin parar, en marcha, con bozal cuando hace falta, implicado siempre.

Ahora salen, en marcha estarán en breve los vídeos grabados en singulares escenarios de Bizkaia. Mi aportación estaba en el aire. Han sido mis drones los que han grabado los planos aéreos que se pueden ver en los vídeos.

Gelditu barik, beti martxan, bozalakin behar denean baina gogotxu ere.

Orain hasten da komunikazioa eta laister grabatutako bideoak ikusteko zabalduko dira. Danak Bizkaiko hiru leku berezietan. Horretarako nire dronak hegan egon dira leku horietan. Ikusten diren aireko planoak nik egin nituen gozatzen. Musika ere gozatzeko da, euskeraz, noski.



28 de junio de 2020

ARTIKUTZA. Fotografías para el libro



Ha pasado tiempo, demasiado tiempo. Nos lo ha perdido un confinamiento. También nos ha perdido un estreno con presentación incluida: el del libro Artikutza que, editado por el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián está impreso desde hace varios meses pero nunca celebró su nacimiento.
Daniel Burgi, fotógrafo y periodista navarro, ha tenido en sus manos la labor de diseñar y coordinar autores, también fotografiar para este libro que recoge la historia de un embalse particular y vaciado para recuperar su entorno natural.
Es bonito descubrir, lo hacemos siguiendo páginas e imágenes en este trabajo, que una epidemia de tifus llevó a la construcción de un embalse y que el tiempo permite devolver a la naturaleza lo que un día le quitaron. Es bonito saber que la naturaleza todavía existe.
¡Ah! Se me olvidaba. Unas cuantas fotos, aéreas y terrestres, han salido de la mirada de mis ojos y sensibilizadas por mis cámaras.






9 de junio de 2020

Pau Donés, en el recuerdo



Hoy es día de valorar la vida. Hoy como todos y cada uno de los vividos y los que vendrán.
Hoy se hace fuerte esa reflexión cuando oigo relatar que Pau Donés se ha ido.
Solo estuve un día cerca, muy cerca. Estuve en Bilbao escuchándole cantar en euskera, cuando grababa un tema para aquel proyecto universal de Kepa Junkera que bajo aquella "Etxea" reunió a muchas  personas con la música en el alma.
Agur señor Donés, hasta pronto, hasta luego, hasta siempre.


27 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. Alta Ruta vasca. Belagua (Erraize)-Anie-Lescun . Caos y paraíso


 ETAPA 10. Belagua (Erraize)-Anie-Lescun


Caos y paraíso

La recordaré como la noche que Faraday me salvó. Impetuosa. Las nubes no eran traicioneras, avisaban. Llegaron los truenos primero, enseguida los relámpagos, sacudiendo las cumbres, atemorizando al montañero. Los prados de Erraize hacía tiempo que estaban desaparecidos, como en la nada; de pronto un chasquido imponente hizo vibrar el suelo. Yo estaba encerrado en la minijaula de nylon, como la de Faraday, seguro en el cajón. Apenas me había atrevido a asomarme un instante cuando aún los relámpagos caían a la altura de Kartxela pero ya no volví a sacar la cabeza. Luego llegó también el aguacero, breve, intenso. A continuación el sueño.
Así fue la noche: inolvidable. ¡Salvado por la campana!
Pero -esto es el Pirineo- la mañana luce brillante. Imprescindible para afrontar un reto, el de llegar sin extraviarse a Añelarra y guardar fuerzas para trepar al Anie, después, y bajar aún en busca de Lescun, por fin.
Me despido de los rebaños que ya se han arrimado a las bordas para que les acaricien las ubres. Soledad total camino de Zanpori. Salvo el ganado y girones de nubes que se disuelven reina la paz absoluta entre los lapiaces que se suceden en continuidad aparente, pero que en realidad son un caótico rosario de altibajos.
La atención es necesaria, a los escasos hitos, a las marcas que los espeleólogos pintaron para conducirse por estos rincones hace ya mucho, al gps más que al mapa, que se convierte aquí en un papel bastante inútil. Se ve a un paso la cima de Añelarra, cuando se ve, pero está muy lejos en camino. Eso sí, no nos quita nadie un tránsito salvaje, cambiante y sorprendente en el que uno se pregunta qué pastor construyó la arruinada cabaña de Leizerola. Allí sola, justo donde unas praderas despuntan entre calizas y pinos negros retorcidos.
Cuando el sube y baja termina acertando con los pasos en la cresta de Añelarra, aunque aún queda lo suyo, uno está ya salvado. Porque sólo resta trepar y cabalgar el fragmentado filo que concluye en la cima. Que es sin duda un fabuloso mirador sobre el caos absoluto de rocas de ese corredor que separa el Auñamendi o Anie y la cima de Hiru Erregeen Mahaia sobre el desierto de piedra de Larra, también una de las mejores perspectivas del mismo Anie.
Ser capaz de atinar de nuevo con el buen paso hacia el sendero del Anie es otra proeza. Si se consigue con acierto no importará regalarse la cima de frontera, si uno termina maldiciendo las rocas, mi caso, es probable que deje el Anie para otro día. Una cima, por cierto, que es bearnesa y no vasca, pero eso aquí no importa.
La cima es simbólica y el colofón de esta travesía extraordinaria. El reinado sobre la tierra y sobre los valles. Una pirámide bella, se mire por donde se mire, que nos ha fabricado mitos en el subconsciente y que parece que debemos ascender una vez en la vida.
Así el montañero redondea además la imagen del Anie si después de haberlo subido por esa concurrida ruta normal se decide a atravesar las inmensidades de roca pálida de Larra para llegar al collado de Anies. Me siento como un pulpo en un garaje viajando por estos parajes más propios y dignos de sarrios que de hombres sedientos a la vez que admiro el trabajo de la naturaleza modelando montañas de esta manera. Esto me pasa mientras el Anie me va proporcionando sucesivas estampas impresionantes, mientras la niebla se eleva desde el valle de Lescun cubriendo el mundo que puedo ver.
Apenas descender un poco del collado la mejor sorpresa espera en una pradera. Un arroyo limpio dibuja meandros frescos en un paraje insólito. Me tienta quedarme a vivaquear porque el amanecer desde aquí debe ser espectacular. Las cabañas de Azuns a los pies, Camplong en el horizonte, Anie sobre la cabeza… pero me temo otra noche húmeda y voy a intentar buscar la cabaña de Lacure que me pilla de camino.
Despido a unos jóvenes que han avituallado en el manantial y marcho solo entre la niebla. El sendero es difuso y sólo el gps y las buenas referencias del mapa me ayudan a encontrar la cabaña. Tengo luz suficiente para llegar a Lescun pero prefiero amanecer aquí arriba y saber lo que tengo a mi derredor. No me espera nadie abajo y me quedan víveres para no morir de hambre así que decido dormir en el suelo aunque no es el mejor de los colchones.
Amanezco bajo el sol mirando a la barrera de Camplong mientras se ilumina con la lámpara gigantesca. El final de la travesía es excepcional, terminando de rodear el Anie hasta el plateau de Anaye donde pasa el verano con sus rebaños un solitario pastor. Pero el colofón es aún perfecto; bajando un camino cortado a pico, vertiginoso y zigzagueante sobre una cascada impetuosa que se desliza finalmente en los verdores del plateau Sanchèse. Lescun queda aún a un trecho pero tendrá que esperar porque este es el mejor lugar para poner punto final a la Alta Ruta del Pirineo Vasco.







23 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. Alta Ruta vasca. Etapa 9 Ardané- Belagua. Crestas de verdad


 ETAPA 9.  Ardané- Belagua


Crestas de verdad

No puedo amanecer mejor. Entre nieblas y casi rodeado por los rebaños. Han venido a pasar la noche al fresco a estos cerros y al mover la mañana también las ovejas se mueven, ordenadamente, en fila india. Cumplen el ritual de cada amanecer y lo se porque enseguida llegan las pastoras a su encuentro. Si, aquí también hay pastoras y casi les envidio cuando veo que marchan, pausadamente, a paso de oveja pastando, de camino a la cresta de Otsogorrigana. Toman el camino que trae el GR al encuentro del sol que ya calienta allá arriba. Pero ayer vine de la cima y hoy me queda una buena pechada así que me conformo con mirarlas, a las pastoras y a las ovejas, alargándose en el sendero, las primeras conversando, las otras a lo suyo, picando hierbas.
Aprovecho el abrevadero de las ovejas para refrescarme y rellenar mis depósitos –el baño ya lo tomé por la tarde- antes de arrancar hacia la cresta de Txardekagana que, como está donde los imperios pusieron la frontera, tiene este nombre para unos, y es Barazea para otros. Yo me quedo con los dos y mientras miro la que desde este collado se ve como una picuda cumbre me decido a ir por el camino de la cresta, dando un rodeo. Después agradezco haberme desviado porque las rocas caen a pico en un pasillo impresionante y que, estoy seguro, ningún coleccionista de cumbres ha visto.
La pendiente de Barazea se hace dura pero es corta y tiene como intercambio proporcionar magníficas perspectivas. El vértigo me acompaña, inevitablemente, cuando me tiro a crestear a la segunda cima. Menos mal que mi mochila es ligera y que no hay viento porque de ser así habría tomado las de Villadiego sin caminar la travesía. El “a pico”, como diría un francés, es impresionante y más acompañado por el vuelo próximo de los buitres. ¿Intuirán algo?.
El collado de Belai es un balcón de pastores. Sin duda vienen a este lugar para controlar donde están sus ovejas transfronterizas. Como a ellas nadie les pide la carta de nacionalidad se van donde mejor hierba encuentran. Digo esto porque aquí montañeros se ven pocos, menos que pastores, y, casi siempre, unos y otros solitarios. Me tienta evitar la subida aérea a Kartxela porque el sendero que bordea su base, el balizado, es como muy amable, con sombritas, sin cuestas… pero el objetivo me manda para arriba. Por una línea ventilada y luego inventándome un sendero inexistente ya que ni las ovejas han trazado uno de verdad por este lado hasta la cima. Pero se sube fácilmente al mejor mirador de todo el valle de Belagua. Es un lugar para quedarse, con los buitres, con el raro quebrantahuesos que sabemos sobrevuela Belagua en los últimos años, con la brisa y mirando a las nieblas que frecuentan a menudo el collado de Arrakogoiti.
Estudio el terreno y las nubes que acechan. Veo la continuidad de la cresta, por Binbaleta y por Lakora e intuyo la conveniencia de evitar el tramo de Binbaleta a Lakora por lo abrupto. Con esa reflexión y mi voluntad de dejar Belagua a un lado para marchar a vivaquear hasta el collado de Erraize camino cuesta abajo. Es un bello sendero, abrupto como es también esta vertiente de Kartxela y toda su alineación altiva que llena algunas de las más bellas imágenes del Pirineo Navarro.
En el collado de Binbaleta me esperan los caballos. Supongo que para que les haga fotos y les acaricie, no creo que estén aquí para tomar el aire. Como Binbaleta es una tachuela hago un ir y volver porque desde allí se obtiene la mejor panorámica de Keleta, la escarpada prolongación cimera de Kartxela hacia el valle. Y así llevo otra sensación más en la mochila.
El balizaje desciende en picado desde el collado hacia Belagua y hay que seguirlo por necesidad rompiéndose las piernas hasta Arrakogoiti que también llaman Urdaite. El sitio es un poco mágico, bello, casi pintoresco.
Voy intentando perder el mínimo de altura posible así que abandono enseguida el balizaje que baja hacia el refugio de Belagua y mantengo la alineación hacia Lakora. Mejor es la panorámica, más aérea, con todo el Pirineo desplegado desde esta altura. Cuesta un poco el repecho pero me distraigo pensando en las “golondrinas”, las alpargateras del valle de Roncal que marchaban cada año a trabajar durante la temporada a Mauleon. A pie, por estos parajes, varios días de marcha; desde luego no lo hacían para admirar paisajes ni para reconfortar su espíritu con los espacios abiertos como estoy haciendo yo. Otra vez vuelvo a ser un privilegiado.
A un salto queda –demasiado abajo para mis piernas- la Venta de Juan Pito. Tampoco me importaría irme a comer unas migas de pastor y unos huevos con patatas pero el plan de la siguiente etapa ya no sería eficaz. Así que emprendo repechos por la cresta de Lakora, arriba y abajo mirando a dos estados, a tres nacionalidades, por lo menos, pero a un mismo país que es el de las montañas. Entre ovejas y flores y con temor por lo que llega del norte en forma de nubes bajo suavemente al collado de Erraize. Bajo aún un poco más en busca de agua hasta las praderas y este será, espero, mi dulce colchón. Buenas noches.


        





18 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. Alta Ruta vasca. De Organbide a Ardané. Acariciando el Orhi y más, de dos mil para arriba






 ETAPA 8. Organbide-Ardané

  
Acariciando el Orhi y más, de dos mil para arriba

Es raro pero no hay niebla esta mañana en Irati. La canícula anunciada estará solo suavizada por el viento que sin duda azotará como también es costumbre en el Orhi.
Ahora la meta son las montañas, de verdad. No se van a acabar los prados, eso nunca, pero sé que veré encresparse los repechos y las aristas, primero en el Orhi pero después también en Txardekagaina, en Lakora y sobre las cimas rocosas de Belagua.
El bosque acompaña un poco, muy poco, mientras se inicia el camino hacia la cresta herbosa de Mehatse; enseguida es el valle de Logibar con los caseríos de Larrañe en el fondo la mirada dominante, con el Orhi por supuesto en la cabeza.
Pronto la tierra del pastoreo se hace presente, también la del cazador ya que se hace inevitable tropezar el gesto con los puestos que asaltan a las palomas en cada una de sus migraciones. Inevitable también el tropiezo con la prehistoria. En la cuerda de Lapatignegagne el primero de los crónlechs de esta cuerda se esconde entre la hierba, casi encima de una de las tradicionales majadas que amanecen mirando al tótem del Pirineo. Y por allí el montañero viaja aéreo en un subir y bajar campestre; así hasta rebasar la alineación de crónlechs de Millagate. Se acabaron los respiros; ahora una cuesta infinita lleva hasta Zazpigaina y bendito camino este que descubre a quien no lo conoce un Orhi inédito, solitario y salvaje. La cresta de Zazpigaina parece inaccesible desde lejos pero el paso se franquea fácilmente, es encantador trepar y destrepar entre las lajas desprendidas de esa arista esbelta y aérea. Y quien crea que no se le pueden poner puertas al campo se dará cuenta de que estaba equivocado; en el Ori hay una que debe abrirse para continuar la senda que el pastor cierra a sus ovejas para que no se le vayan al otro lado de la frontera. Así es el mundo: mugas y puertas hasta en las montañas.
La cresta que lleva al Orhi es luego empinada y siempre venteada; el primer dos mil de la cadena, el más occidental de los grandes es picudo y afilado, un mirador perfecto hacia Irati pero sobre todo al gran Pirineo.
Hay que disfrutar un tiempo de este privilegio, mirar y mirar. Desde aquí veo casi todo lo que me queda de recorrido: una sucesión de cimas y crestas que motivarían a recorrerlas a cualquiera que suba hasta aquí arriba.
2017 metros. Magia y leyenda, mito y realidad están aquí concentrados en este pináculo aéreo. La dominancia visual de esta cima desde casi todos los horizontes la ha convertido en una referencia desde la prehistoria. Algunos estudiosos presumen que la figura y posición de esta cima en el horizonte pirenaico está directamente relacionada con la ubicación de muchas de las necrópolis y conjuntos de crónlechs que se elevan en el contorno. Más cerca en el tiempo nos quedan testimonios como la canción de Etxepare o algunos refranes que desde ambos lados de la montaña lo evocan: Orhiko txoria, orira tira; dice uno navarro.
El sendero que lleva desde la cima de Orhi al puerto de Larrañe está más trillado, es una trocha erosionada en la ladera por los pies de muchos cientos de excursionistas y montañeros que se bautizan con el primer dos mil pirenaico por el camino más fácil. Inevitable cruzarse con ellos en este tramo multitudinario, también con sus vehículos y el ambiente campestre que reina en el puerto cada día del verano disculpado por las nieblas. Permanezco el mínimo tiempo posible antes de cabalgar por la eterna cresta herbosa de los “gaina”, una sucesión de lomas cuya toponimia lleva este apellido: Atxurterigaina, Betzulagaina, Gaztarrigaina y por fin Otsogorrigaina. Se pueden evitar casi todos los altos pero yo no lo hago, así presumiré haber hecho la Alta Ruta más alta posible. Entre boñigas y vacas, entre ovejas y cagarrutas, vigilado por los buitres casi siempre, salto de prado en prado con emoción, entre Nafarroa y Zuberoa, no en vano los mojones de la frontera marcan casi con exactitud la alineación del camino a seguir.
Aquí se demuestra el valor de la autonomía. Pasado el puerto de Larrañe queda un buen trecho hasta conectar con Belagua. Fácil de hacer en el resto de la jornada si se evitan las cumbres, pero casi imposible si se ascienden todas. Por eso he decidido terminar mi etapa tras coronar Otsogorrigaina, en soledad, cuando ni caminantes ni turistas andan por el entorno. El tiempo es espléndido y mi tienda es abrigo suficiente para permanecer en las proximidades del collado de Utururdineta. Tendré así la compañía cercana de Otsogorri y Barazea. Bajo un poco para aprovechar la fuente del abrevadero de la majada de Pista. Y… ¿por qué no?, también tomo un baño que mi cuerpo agradece inmensamente. Incluso en estos parajes hay placeres naturales insospechados. Sólo el rebaño del Otsogorri es testigo.







16 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. Alta Ruta Vasca. De Egurdi a Organbide. Por donde el Pirineo emite energía sobrenatural


 

ETAPA 7. Egurgi-Organbide

  
Por donde el Pirineo emite energía sobrenatural

Al alba, tras un té caliente, me despido con buenos deseos para el camino de mis compañeros de noche. Ellos caminan hacia el mar de Hondarribia, yo en sentido inverso; todos cruzando rutas y experiencias.
Partir siempre es difícil, más si un río cantarín ha arrullado tu sueño y los pájaros entonado tu despertar. Así, con la suma de las esquilas de las cornudas ovejas manexas que pastan en Irati, se levanta el caminante en Egurgi. Y como acostumbra a hacerlo temprano el rocío acaricia necesariamente sus pies mientras cruza la regata de Egurgi. A sabiendas de que Okabe es un primer objetivo, y no por conocido menos atractivo, me lanzo cuesta arriba entre bordas pastoriles en busca de un camino desconocido para mis pies. Los pastores de Egurgi se levantaron ya hace tiempo, también sus perros, no digamos sus rebaños que ya pastan entre los hayedos para cuando llego a su altura. Prado y bosque, bosque y prado me llevan después de haber repostado agua fresquísima en las fuentes de Kontratxaro. Es una bendición topar con estos manantiales en los lugares más insospechados, al pie de una ladera o en el rincón escondido de un bosque. No puedo evitar tomar un hamaiketako de frutos secos, me lo pide el estómago y la fuente.
Urkulu está aquí también, sin monumento romano esta vez, en forma de promontorio redondeado y herboso pero azotado por un viento de mil demonios esta mañana, tanto que agradezco poder caminar al abrigo en la vertiente norte y evito tomar la cresta. Hay un balizaje por este paso pero es tan imperceptible que más me vale prestar atención. Por el contrario es delicioso el avance por la escarpadísima pendiente que se descuelga desde Urkulu a los barrancos de Artxilondo. No puede ser más salvaje el espacio que lleva este camino  hacia el collado de Kurutxe donde me abraza de nuevo el hayedo, solitario, abrupto, mágico. Es casi llano el tránsito hasta el collado de Oraate, lo que agradezco; menos que encontrar la carretera pastoril que lo alcanza desde el chalet Pedro y que resta encanto a esta pradera herbosa.
Estoy deseando desembocar en los rasos que ocupan los cromlechs de la necrópolis de Okabe; para mí este lugar está lleno de encanto y misterio al mismo tiempo, permite intuir, casi sentir, el pasado de los más antiguos habitantes de la tierra vasca. No soy el único; hoy hay concurrencia entre los círculos de piedras: caminantes, viajeros, montañeros… de todo. Incluso algún iluminado a la búsqueda de las energías del Pirineo. No puedo evitar preguntar a quien veo primero tumbado en el centro de un cromlech, luego sosteniendo un péndulo en equilibrio.
-      ¿Qué es lo que buscas?
-      La energía, y sí que hay.
Me responde en correcto francés al tiempo que me muestra un libro que se titula algo así como “Energie des hautes lieux en France”.
Acaso sea esa la respuesta a la instalación de los monumentos funerarios, acaso el emplazamiento estratégico mirando al Orhi que desde aquí domina un horizonte inmenso. Con esa contemplación es una maravilla caminar cuesta abajo en busca de un camino nuevo para esta alta ruta. Porque aunque otras guías proponen seguir el GR10 esta tiene mayor encanto. Crestear Mendibel es mucho más hermoso. Y por allí va este camino.
Una tortuosa pista permite bajar cómodamente al collado de Surzai, hábitat pastoril de excepción que es paso obligado hacia las pendientes de un Saroiberri tan apartado como simpático, tránsito fácil hacia el collado de Burdinkurutxeta. Allí es normal encontrarse a los turistas mirando los panoramas de Irati y, claro, también miran sorprendidos al caminante que sin dudarlo se lanza por el sendero que remonta atrevido hacia Mendibeltza que también llaman Mendibel.
Entre ovejas y hierbas altas que el viento mece y acaricia, despistando la mirada a ratos en los peñascos de conglomerados que sobresalen como champiñones gigantes, avanzo por el camino hasta Mendibel. Al costado el barranco estremece, más si se mira desde las figuras extrañas que la erosión ha tallado en las rocas de la cima. La larga cresta que se estira hasta Eskaleta es un mirador aéreo sobre Irati y todo el Pirineo y pese a los sube y baja de la ruta casi ni me entero de tanto gozar viendo horizontes. Xardeka y Arthanolatze preceden en esta sucesión a Eskaleak. Y luego ya es bajar, al encuentro del bosque magnífico, de las hayas que dibujan sombras de bruja, al abrigo de la humanidad que proporciona el refugio y la vecindad de Organbide.
Hoy toca ducha y supermercado, la última oportunidad hasta Lescun y hay que aprovisionar bien porque llega lo más duro. La despensa tampoco es muy generosa: pan, lo justo, alguna lata, galletas, embutidos… no hay más pero uno se puede regalar una cena servida como homenaje a lo que le espera. Yo no me resisto.