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4 de marzo de 2015

Casi premiado




Casi me dan el premio de fotografía "Arquitectura y Vino". Casi una foto aérea de los tejados de Ysios ondulando sobre el paisaje de Rioja Alavesa convence al jurado convocado por Bodegas Baigorri para que fuera el premio único de su concurso.
Ha habido más fotos pero solo siete según el jurado podrían haber ganado el premio otorgado a "Los colores del vino", cuyo autor aún no se ha divulgado, y que estarán en espacio distinguido en la exposición que se inaugura en breve. Entre ellas está la que acompaña estas líneas tomada en vuelo bajo desde un helicóptero.
Viene a tiempo la valoración de esta imagen cuando estoy retomando mis trabajos de fotografía aérea que espero poner sobre papel en breve de modo singular.
De momento nos quedamos mirando a la arquitectura del vino desde el aire.
El premio final será entregado el sábado, 7 de marzo, en un acto que la propia Bodega Baigorri celebrará con los fotógrafos participantes y en el que se dará apertura a la exposición que cualquier viajero por la Rioja Alavesa y visitante de la bodega en Samaniego podrá disfrutar.

21 de mayo de 2010

Homenaje a un viejo edificio: la ALHONDIGA de Bilbao




Mi mirada fotográfica apenas había comenzado a formarse en aquellos tiempos de blanco y negro. Pero mi curiosidad era ya notable y atrevida.
No recuerdo la razón de mi intromisión en el espacio cerrado de la Alhóndiga de Bilbao pero si la fascinación que aquel espacio produjo en mis sentidos. Este plural tiene sus razones. Porque al entrar en los pasillos de la alhóndiga lo primero en percibirse eran los olores intensos: a vino, a madera vieja, a pez y sebo. Luego se sentía el tacto peculiar de los pies sometidos a una cierta adherencia ocasionada por los taninos y los azúcares del vino mientras la vista se recreaba en las enormes galerías de hormigón por las que se instalaban enormes barricas, pilas de garrafones, pellejos inflados de tinto, apenas las primeras cajas de vino embotellado. El sonido era fabril y de bullicio, entre el ronroneo del rodar de las cubas, el sonido de los vidrios y las conversaciones a gritos de los bodegueros.


Incluso tuve la osadía de asomarme a lugares prohibidos; subí a una azotea donde los garrafones descansaban sobre una peculiar panorámica de Bilbao y perforé las entrañas de los montacargas activos.
De aquellas sensaciones nada queda en la remodelación del edificio. De la memoria de sus gentes tampoco.
Mis imágenes quieren ahora ser un recuerdo de aquello y servir para evocar buenos tiempos de uno de los edificios emblemáticos de Bilbao.