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6 de mayo de 2015

Verde, te quiero verde


Verde sobre verde

Revive la tierra en matices de infinitos verdes. Revive igual la belleza en el más natural y vivificante de los colores del universo. Despiertan los bosques, respirando desde brotes tiernos, desde sus hojas abiertas al cielo, también desde sus entrañas más escondidas. Flores y colores despuntan sobre fondos de verde. Parece que la primavera es inevitablemente verde. Verde sobre azul, verde sobre amarillo, verde sobre gris.

Verde, te quiero. Verde.

Azul sobre verde

Magenta sobre verde

Verde sobre azul


29 de noviembre de 2013

Es hora azul en Donetsk












Es hora azul en Donetsk. Tráfico intenso en los tres carriles que aproximan desde Crimea al centro urbano de esta ciudad, también más allá, entre altos edificios, esquivando tranvías, trolebuses y circulación heterogénea de vehículos y personas. Si el cielo azulea es por la caída de la luz solar, cosa que sucede muy temprano, como a eso de las cuatro y poco de la tarde, y no porque se anuncie por la ciudad el encuentro del equipo local Shakhta Donetsk contra la Real Sociedad de fútbol, llegado ya desde Donostia, la tierra vasca en el norte de la Península Ibérica. Tampoco azulea porque hay ya paseando por las frías calles de esta ciudad o fotografiándose bajo la inevitable estatua de Lenin algunos realistas abrigados con la bufanda blanquiazul distintiva de su equipo. Pocos, es cierto, contra los miles de hinchas ucranianos enemigos que tendrán que escuchar haciendo coro en el campo monumental que acoge la cita de Champions League.
Así, bajo la presencia del azul me encuentro por fin ante la elipse gigantesca del campo Donbass Arena que también tiñe con luces azules la periferia de su arquitectura.
Tras un triple y férreo cacheo para acceder al campo puedo asomarme, entre un grupo de entusiasmados guipuzcoanos vistiendo bufandas y banderas blanquiazules al césped del Donetsk Casi ni me he enterado cuando comienza el encuentro, no soy capaz de intuir las jugadas de interés ni encuentro nada que sostenga mi atención sobre la hierba. Sí en las gradas que me rodean, en algunos rostros contraídos, en los brazos elevados al aire o en los gritos y expresiones airadas que con seguridad nadie escucha.
La hora azul termina por ser hora negra porque el equipo que viste camiseta de rayas blancas y azules encaja un gol tras otro pera terminar perdiendo cuatro a cero. La Real Sociedad ha quedado fuera de la competición de Champions League y eso debe ser bastante triste. Por eso, la complicidad con mis compañeros de grada me deja un leve sabor agridulce, mezcla de pérdida de una ilusión y de curiosidad satisfecha.
Ha sido una casual circunstancia, solo un pretexto viajero, la que me ha llevado de nuevo a un campo de fútbol, sabido que ninguna pasión, ni siquiera afición, me invita a defender banderas ni equipos reunidos tras un balón de cuero. Y ha sido divertido encadenar asuntos sobre al azul porque los colores funcionan tan bien en el alma deportiva como en fotografía.
Última hora: el cielo ha amanecido azul en Donetsk tras una heladora noche de noviembre.







3 de marzo de 2010

La LUZ que nos guía

En la hora azul los minutos son como segundos, efímeros y veloces. Cuando el cielo apaga sus azules da permiso por muy poco tiempo a la incandescencia, a los neones y a las lámparas de mercurio para compartir la iluminación de casas y cosas. En esos instantes muchos objetos antes insignificantes salen del anonimato y cobran vida. Así pasó durante un instante en Biriatu.