3 de mayo de 2012

Fotógrafo en viaje de trabajo

SANTANDER


Es una frase hecha en el vocabulario de algunos: “viaje de trabajo”. Y esa expresión puede significar muchas cosas, a veces incluso demasiadas. Para el fotógrafo viajero esa expresión es sinónimo de felicidad, o al menos así lo es en mi caso. Porque el “viaje de trabajo” con sus dos palabras fundamentales expresa dos voluntades, dos deseos asociados necesariamente a la condición de fotógrafo: el de viajar y el de hacerlo fotografiando.
En eso ando durante esta semana: de viaje. Y de ese privilegio disfruto en primavera, acompañando el despertar de los bosques, a las nieblas y los ríos cargados de agua, mirando a las montañas aún nevadas y a los turistas fotografiando su mundo en fin de semana. Trabajar es duro casi siempre pero, en ocasiones, también un privilegio
      

LEON
BILBAO

OVIEDO







28 de abril de 2012

Vari Caramés, fotógrafo a "ritmo mareiro"




Está en Bilbao, en la Sala Rekalde, y se presenta a través de 150 imágenes que recorren el curriculum visual de Vari Caramés (Ferrol 1953). Un lujo de descubrimiento de este fotógrafo del sentimiento que, según nos confesó, no analiza, no espera, dispara por impulso, porque se lo pide el corazón. En la exposición hay delicias fotográficas de alto interés, siempre atrapadas en película fotográfica a modo de “instantes coleccionados” en series que agrupan distintos momentos de su mirada, diferentes atenciones a lo visto por Caramés. Las miradas a través de las ventanas, muchas veces enigmáticas, casi siempre incitando a la confusión al espectador, son recurrentes y parecen asimilarse al mirar a través de las lluvias y las brumas de su tierra gallega.
Muy inspirado en los clásicos, con sus arranques en blanco y negro que aún practica, se diría que él mismo es un clásico en el modo de sugerir más que enseñar, alejado del reporterismo y muy impresionista cuando dispara en color.
Me  ha gustado Caramés, me he interesado Caramés que debo revisitar antes de que sus fotografías se vayan de la sala Rekalde el 8 de julio para viajar a Badajoz y a Coruña. Se lo dije: lo que más me ha tocado es su serie nadar cargada de intensidad y propuestas para recrearse.
 

20 de abril de 2012

Fotógrafo y periodista


“Fotógrafo y periodista”, así me identifican a pie de firma en los artículos y reportajes que vengo publicando en la revista Euskal Herria. Y todo ello es cierto pero haberlo visto en tres trabajos que se publican en el último número, el 57 y casi recién salido de imprenta, me ha llevado a poner al día una reflexión que vengo haciéndome en los últimos tiempos sobre el estado de la profesión, tanto del fotógrafo como del periodista.
Vengo defendiendo, y cada día con más insistencia, en la necesidad de ser multimedia en estos tiempos que corren. La prueba es que yo vengo haciendo numerosos encargos de reportajes gracias a esa doble capacidad de fotografiar y escribir, tareas que he compartido desde que me inicié en las peleas con los medios de comunicación, aunque siempre me haya sentido más fotógrafo que periodista. He defendido además esa doble tarea en la medida que ambas son complementarias en la manera de ver el mundo y los acontecimientos; pensar desde la perspectiva del “contar” periodístico ayuda en la tarea del fotógrafo y escudriñar el mundo con la mirada atenta y observadora del fotógrafo ayuda a atrapar detalles y circunstancias que son de interés en la escritura.
No se me escapa el juego especulativo de los editores. Saben que encargando la doble tarea a un mismo autor podrán hacerlo pagando un menor precio por el “paquete”. Y en el futuro “multimedia” que nos espera no andaremos lejos de fotografiar, hacer vídeo, escribir las informaciones, editar voz, texto y sonido en un corre-ve-y-dile acaso con un smartphone como única herramienta para colocar nuestro trabajo a velocidad de rayo en múltiples medios de calidades cada vez más dudosas.
Solo nos queda el consuelo de ser capaces de mantener una línea de trabajo coherente, calmada y de vida lenta, como si fuera una actitud de vida. En eso ando yo todavía y espero no equivocarme a pesar de estar seguro de que no seré millonario.
¿Se me olvidaba?. No. Quiero recordar que en la revista Euskal Herria esos tres trabajos que he citado viajan por los “Caminos pastoriles de trashumancia”, por algunos hermosos “Campos de flores” y por el valle vizcaino del Txoriherri. Si pueden compren la revista porque algunos vivimos gracias eso. Gracias.




 

  


14 de abril de 2012

Paisajes de Iparralde






Montañas o volcanes



Solo son montañas pero en ocasiones la luz y las circunstancias las convierten en volcanes por un instante. Sucedió en otra ocasion mirando a los perfiles de Larrun y también amaneció recientemente en esa evolucion de luces en el Ori, inceciado al alba y humeando nubes en la jornada siguiente. Pura casualidad pero suficiente para activar la imaginación.


4 de abril de 2012

Fotografía aérea: volando bajo




Euskal Herria Goitik behera (de arriba abajo) es el título de la exposición fotográfica que ha quedado desde hoy abierta en la galería Zazpi de Zarautz (Kale Nagusia 21;  apertura días laborables 18:00 a 20:00 h,  festivos 12:00-14:00 h y 18:00 a 20:00 h).
La XIX Billera del Photomuseum de Zarautz promueve esta exposición además de las de Sergio Sáez, Eduard Baldus, José Regueira y Adrian Tyler que se pueden ver en los meses de abril y mayo en distintos espacios de esta localidad costera de Gipuzkoa.
Son 38 fotografías copiadas en papel fotoquímico, son 38 paisajes aéreos que forman parte de una larga colección de fotografía aérea realizada en no pocas horas de vuelo bajo, siempre desde helicópteros, siempre mirando la geometría natural, buscando el dibujo creado por agricultores, el capricho de las luces y los relieves, escudriñando la mano humana sobre el suelo y el territorio vasco.
En la colección aunque no en la exposición se integran también algunas imágenes tomadas desde las cumbres o las montañas, visiones que comparten el modo de ver del fotógrafo aéreo.
Compartir con el piloto del helicóptero la pasión por la mirada vertical y saber los límites de la máquina que vuela y los de su capacidad de maniobra se convierten en herramientas de este trabajo bajo las hélices. Pelear contra una vibración constante, aguantar el empuje del viento y habituarse al vacío vertiginoso bajo el cuerpo son otras obligaciones que se suman a la de buscar constantemente los cables que cruzados en la trayectoria del vuelo son la mayor trampa de los caminos aéreos.



Volar bajo es fantástico. Y fotografiar de arriba abajo ofrece sugerencias infinitas.

26 de marzo de 2012

Sierra de Andia, en francés



Sierra de Andia, una tierra seductora, es el título que la periodista Celine Bousquet ha puesto al reportaje que ilustran mis fotografías en la revista PYRÉNÉES MAGAZINE. Celine me pidió ayuda para descubrir rápidamente la sierra porque ella venía en un viaje relámpago de tres días que desde Toulouse le diera la sustancia fundamental para escribir su texto. Le bastó esa ayuda, algo de bibliografía que encontró en el camino y los comentarios y pistas de los guardas del Parque Natural Urbasa-Andia para redactar su texto.
Al fotógrafo le hicieron falta varios viajes, la espera de largas horas bajo las nieblas, caminar y escudriñar los paisajes que ya conocía de antemano y bastantes más horas de trabajo en busca de las luces y los momentos que le interesaban. La diferencia en el esfuerzo aplicado en el trabajo de campo es notable entre quien escribe y quien fotografía y lo sé por experiencia. Las sensaciones atrapadas en el alma también y eso es lo que nos queda tras soportar el frío o el calor y aguantar el viento de la noche para esperar un amanecer incierto a quienes buscamos imágenes distinguidas como la que abre a doble página este reportaje. También nos quedan en la cartera –en los discos duros informáticos ahora- algunas imágenes interesantes que los editores desdeñaron pero algún día verán la luz y seducirán otras miradas. Ese es otro patrimonio de los fotógrafos. Y menos mal que algo nos va quedando.


24 de marzo de 2012

Dias de agua


Ya ha pasado. Quedó atrás el día del agua. Uno de esos días mundiales en los que se evidencian algunos de nuestros pecados y se proponen algunas voluntades que casi siempre son pasajeras. Como una coincidencia mi “día del agua” pasó con las botas puestas, entre saltos turbulentos, ríos y canales, rodeado de agua.  Trabajo fotografiando ferrerías, auténticos monumentos del esfuerzo humano empleado para convertir los recursos naturales: agua, bosques y mineral en herramientas, armas de matar municiones y dinero. Ahora son restos arruinados lo que fueron prototipos de la revolución industrial, prototipos también de la domesticación y dominio del agua trabando sus cauces naturales con ciclópeas presas, encauzando y encerrando en potentes anteparas y oscuros túneles hidráulicos el líquido que antes era libre.
Aquellos cauces fluviales ya no son lo que fueron. Lamentablemente se engalanan de guirnaldas plásticas colgando de los árboles, de completos muestrarios de envases, chatarras y espumas que sugieren lo que nuestra sociedad piensa que es el agua natural.
El reto de fotografiar el patrimonio preindustrial en este entorno obliga a menudo a ejercer adicionalmente como operario de limpieza. A pesar de todo ello permanece la esperanza de que mostrar lo que sobrevive a orillas de los ríos sirva para conservarlo y cuidarlo para el futuro y que se haga lo mismo con las aguas que dieron a fábricas y personas.




20 de marzo de 2012

Steve McCurry enamorado de Tenerife, también


Ocaso sobre el Teide, desde el Pico Viejo

Él también se ha enamorado de Tenerife y promete volver. Comprensible que eso le suceda a un fotógrafo a quien apasiona la luz, los paisajes eternos, los desiertos, el mar encrespado y la tierra viva. Hablo de Steve McCurry, un fotógrafo de Magnum, al que siempre he seguido de cerca porque su trabajo me parece excepcional y a quien descubrí tras viajar a la India y encontrar en vivo las esencias de aquel país que él tan profundamente ha retratado.
No he tenido la oportunidad de ver sus imágenes en Tenerife, donde acaba de presentar su exposición retrospectiva, que permanecerá del 13 de marzo al 29 de junio en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife, porque mientras él llegaba yo estaba marchando de la isla. Probablemente McCurry es uno de los fotógrafos que mejor ha documentado la India pero también otros países como Afganistán o Pakistan y a través de sus imágenes ofrece una constante lección profesional y de compromiso. En sus palabras a los medios informativos ha dicho que volverá a Tenerife para fotografiar porque ha encontrado allí un territorio de interés y no puedo estar más de acuerdo con él. Si alguien viaja a las isla del Teide en estas fechas no debiera perder la oportunidad de ver sus retratos, sus testimonios visuales cargados de fuerza que puede intuirse en la presentación que nos ha dejado en la web. Tampoco pierda la oportunidad para detenerse y esperar mirando, como hace y aconseja McCurry, para escuchar los ritmos de la calle y para atender a la llegada de las imágenes a su cámara.





6 de marzo de 2012

Volver. Tenerife mon amour



He de confesar que mi propósito estaba en otro lugar pero circunstancias de la vida, de las compañías aéreas cuyo nombre no quiero escribir más bien, me han traído a Tenerife. De excursión, diría el otro, de descompresión, algunos, de desconexión, el que escribe. Eso sí funciona: cortar por lo sano el compromiso cotidiano para entregarse al plan de “lo que me apetece”, sin más. Como ahora mismo que me limito a escuchar mezclarse el viento con el batir de las olas bajo siluetas de montañas fantásticas. Esa es también la ventaja de volver, sabiendo incluso que reaperecerá la sorpresa porque, como ya he dicho más veces, nunca un lugar es igual al que viste antes. En esa sorpresa estoy envuelto, feliz, sabiendo que me esperan otras tareas, mirando paisajes entre plátanos, oyendo del frío lejano mientras me acaricia el sol. Rescatar estos privilegios cuando se puede parece imprescindible para la restauración de fuerzas. Entretanto la mirada fotográfica se reconcilia con lo conocido, lo escudriña de nuevo, indaga y rebusca en un ejercicio libre de obligaciones que permite una valiente diversión.
En Tenerife revivo las emociones del desierto, las furias de los volcanes –incluso apagados- la fuerza de los colores de la naturaleza y la capacidad humana para anclar sus vivencias a la nada o casi nada. También el retorno a las laderas del Teide para caminarlas despacio, casi acariciando sus lavas, sopesando las piedras livianas como el aire o densas como la misma obsidiana, para esperan en ella el ocaso o el movimiento de las nieblas meciéndose sobre el océano.
Volver siempre tiene su encanto y sus sorpresas.