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26 de marzo de 2012

Sierra de Andia, en francés



Sierra de Andia, una tierra seductora, es el título que la periodista Celine Bousquet ha puesto al reportaje que ilustran mis fotografías en la revista PYRÉNÉES MAGAZINE. Celine me pidió ayuda para descubrir rápidamente la sierra porque ella venía en un viaje relámpago de tres días que desde Toulouse le diera la sustancia fundamental para escribir su texto. Le bastó esa ayuda, algo de bibliografía que encontró en el camino y los comentarios y pistas de los guardas del Parque Natural Urbasa-Andia para redactar su texto.
Al fotógrafo le hicieron falta varios viajes, la espera de largas horas bajo las nieblas, caminar y escudriñar los paisajes que ya conocía de antemano y bastantes más horas de trabajo en busca de las luces y los momentos que le interesaban. La diferencia en el esfuerzo aplicado en el trabajo de campo es notable entre quien escribe y quien fotografía y lo sé por experiencia. Las sensaciones atrapadas en el alma también y eso es lo que nos queda tras soportar el frío o el calor y aguantar el viento de la noche para esperar un amanecer incierto a quienes buscamos imágenes distinguidas como la que abre a doble página este reportaje. También nos quedan en la cartera –en los discos duros informáticos ahora- algunas imágenes interesantes que los editores desdeñaron pero algún día verán la luz y seducirán otras miradas. Ese es otro patrimonio de los fotógrafos. Y menos mal que algo nos va quedando.


31 de agosto de 2011

El cachalote sin dientes


Está de moda hablar de cachalotes, de los que nadan en la costa del Golfo de Bizkaia y de los que a veces naufragan en las playas como ha sucedido recientemente en Zarautz. Esos tienen dientes y una cola descomunal como hemos descubierto mientras enterraban el pesado cadáver a la espera de recuperar su esqueleto.
Buscando en los horizontes de un mar interior he encontrado hace unos días un cachalote sin dientes. También estaba varado o a mí así me lo pareció mientras el oleaje acariciaba su cola. Era casi de noche y no pude ver sus ojos pero supe que su tamaño era descomunal ya que para fotografiarlo necesité ocho disparos alineados con un gran angular. Le he llamado el "cachalote sin dientes" y todavía nadie me ha podido decir si se organizarán visitas turísticas para conocerlo. Por si acaso presento aquí para disfrute público una de las muchas fotografías que me ofreció.