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26 de marzo de 2012

Sierra de Andia, en francés



Sierra de Andia, una tierra seductora, es el título que la periodista Celine Bousquet ha puesto al reportaje que ilustran mis fotografías en la revista PYRÉNÉES MAGAZINE. Celine me pidió ayuda para descubrir rápidamente la sierra porque ella venía en un viaje relámpago de tres días que desde Toulouse le diera la sustancia fundamental para escribir su texto. Le bastó esa ayuda, algo de bibliografía que encontró en el camino y los comentarios y pistas de los guardas del Parque Natural Urbasa-Andia para redactar su texto.
Al fotógrafo le hicieron falta varios viajes, la espera de largas horas bajo las nieblas, caminar y escudriñar los paisajes que ya conocía de antemano y bastantes más horas de trabajo en busca de las luces y los momentos que le interesaban. La diferencia en el esfuerzo aplicado en el trabajo de campo es notable entre quien escribe y quien fotografía y lo sé por experiencia. Las sensaciones atrapadas en el alma también y eso es lo que nos queda tras soportar el frío o el calor y aguantar el viento de la noche para esperar un amanecer incierto a quienes buscamos imágenes distinguidas como la que abre a doble página este reportaje. También nos quedan en la cartera –en los discos duros informáticos ahora- algunas imágenes interesantes que los editores desdeñaron pero algún día verán la luz y seducirán otras miradas. Ese es otro patrimonio de los fotógrafos. Y menos mal que algo nos va quedando.


13 de agosto de 2011

En la romería más alta de Euskal Herria





Está en la cima de una montaña, es la ermita más alta de Nafarroa, también la que recibe la romería más alta de Euskal Herria. Dedicada a los santos Donato y Cayetano y ubicada en la proa rocosa de Beriain, a 1496 metros de altitud, domina de modo excepcional el valle navarro de Sakana y las sierras de Andia y Urbasa. La cita más popular de Beriain tiene lugar cada segundo domingo de agosto, cuando se celebra la romería de Uharte Arakil pero reúne a todos los pueblos del contorno, de los tres valles vecinos: la Sakana, Ergoiena y Ollo, en la cima. Hay quienes suben en todoterreno pero los más llegan a pie dibujando un sin fin de siluetas que al filo de las once de la mañana rodean el templo. Llega también el alguacil con la campana, la nueva forjada en bronce que sustituye a la que robaron -no se sabe quienes- hace un par de años. La coloca antes de la hora, la hace tañer y entonces el cura latinoamericano, uno de los muchos que en Nafarroa ejercen, oficia la Eucaristia. Habrá explicado la simbología de las alturas y la de los santos; habrá dado de comulgar, a la boca poniendo la hostia en la lengua que eso de poner a Dios en manos pecadoras no está bien visto por la iglesia conservadora, y terminado con su bendición antes de dar libertad a los asistentes para que se lancen sobre una mesa provisional dotada de pan, chorizo casero en rodajas, trocitos de magra y buen queso de la sierra. Varias jarras de vino reparten la bebida y mientras tanto las gentes hacen sociedad, que para eso son las fiestas. Esta es muy alta y acostumbra a acompañarse de nieblas, lluvias  o vientos de los que frecuentan el Beriain que, un rato después del bullicio romero y retirada la campana de su modesta espadaña, vuelve a quedar en el mejor de los silencios.