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6 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. De Erratzu a Aldudes. De la mole del Baztan a los collados del contrabando




 

 


De la mole del Baztan a los collados del contrabando

El Autza se divisa de casi todas partes cuando se va de viaje por cualquiera de los valles de Baigorri y Baztan. Desde cualquiera de sus rincones el Autza es una referencia, emblemática e imponente. Debió también de serlo como otras montañas totémicas -el Adi, el Ori, el Anie…- para los pastores prehistóricos porque a sus pies enterraron a sus muertos y es siempre un faro en los relieves de ese Pirineo vasco iniciático que se eleva desde el mar hacia Oriente. Por eso no podríamos haberlo evitado en esta travesía.
Hay varios caminos hacia Autza pero he elegido el más inédito y probablemente el más salvaje porque es el más directo. Remonta todo su lomo mientras se eleva sobre el valle y despierta una percepción del país del Baztan como pocas, también de las tierras que dominó el señor de Ursua. Por cierto, hubo dos Ursuas que tuvieron morada ambos en el palacio de Arizkun; uno de ellos fue conquistador del castillo de Amaiur; el otro, el marañón Don Pedro, partió a América del Sur en busca de la fortuna mítica de El Dorado para terminar muriendo a manos del desalmado Lope de Agirre –el oñatiarra- quien antes de acabar con él le dijo “tú te callas, que no eres vasco ni navarro, eres casi francés…”.   
A la vista está igualmente aquel Bozate, rincón de olvidados donde vivieron los Agotes que encontraron refugio en su huida de la inquisición y marginados como raza maldita desde el siglo XIII. Guardaron en secreto sus avanzadas técnicas de construcción pero nunca pudieron convivir con sus vecinos.
Tanto palacio, tanto sillar bien labrado debió de costar muchas fortunas. Sabed que muchas de ellas se hicieron con los beneficios del contrabando, pasado precisamente por los caminos que ahora están al frente, por ese mítico collado de Berdariz en el que convivían cada noche los caseros, los extraperlistas y los carabineros.
Mirando, siempre mirando. Y para esto Autza es magnífico si se sube a la brava y por la directa desde Erratzu. Porque, como el corazón, se te va ensanchando el panorama, primero sobre los tejados, luego sobre los barrios y por fin sobre todo el Baztan. Es un regalo; bueno, mejor un intercambio por el esfuerzo. Digo esto porque he sudado lo mío en esta mañana de verano trepando entre las argomas. A los pies del Autza el Mamutzen erreka alimenta una de las primeras fuentes del río Baztan que luego será Bidasoa pero aquí arriba no hay ni una gota de agua almacenada, sólo piedras. Las más impresionantes anticipan la llegada del montañero que sigue este camino a la cima herbosa, rotas en miles de lajas que invitan a construir una cabaña. Alguien debió hincar una y otra y otra; y parece que tal costumbre repetida ha provocado el levantamiento de un sin fin de pequeños menhires en la arista. Autza parece ya un peculiar camposanto que dibuja fantasmas de piedra en el cielo.
Felizmente estoy en la cima del Baztan, en la mole montañosa que se ve de todas partes, entre rasos y trincheras, paisajes y horizontes. Los primeros para el ganado, las segundas cavadas en guerras diversas, de la Convención o Carlistas, y los últimos para gozarlos plenamente. Allí están las montañas a las que me dirijo y ahora puedo trazar el camino imaginario casi desde el cielo.
Los mojones fronterizos parecen mandar, ir diciéndote: por aquí, por aquí… plantados a perpetuidad donde la raya sólo existe en los papeles.
Cuando la loma de Itxauz me recibe puedo adivinar el paisaje de Aldudes al que siempre llego con placer. Pero el camino me absorbe, placenteros los bosques húmedos donde se refugian los ganados, sorprendentes los espolones rocosos insospechados en esta cuerda roma, increíble la soledad.
Cuando llego a Berdaritz recuerdo que aquí hubo un dolmen muy simbólico, como si estuviera marcando un paso clave en esta cadena pirenaica. Pero debió de estorbar a alguien porque se lo quitaron de en medio al abrir una pista. Cosas del tránsito humano. De eso saben mucho apenas un poco más abajo, en el caserío Urruska, en pie desde el siglo XVIII. De lugar apartado del mundo, de convivir cada día con las escaramuzas de guardias civiles y de contrabandistas se ha convertido en el pionero de loa alojamientos rurales, Q de calidad incluida.
No me importaría recalar allí un par de días pero mi destino está más lejos y no he traído en vano mi tienda de campaña que me guarecerá del rocío esta noche.
Casi sin darme cuenta me he comido el día andando a placer por estas alturas, sesteando y contemplando y la penumbra me termina por acompañar a las puertas de Aldudes. Por eso me merezco un premio: un “menú de pastor” servido con amabilidad y que me sabe a gloria a las puertas del frontón donde el famoso Perkain asombraba a todos los habitantes del Quinto Real en el juego de laxoa.
Cuando cae la noche en Aldudes el silencio deja al río cantar su propia música. Y ese arrullo es una delicia para dormir.






4 de mayo de 2020

RELATOS PIRENAICOS. Col Urtsumiatza-Erratzu. Campos de Soledad




Campos de soledad

Urtsumiatza es soledad. Inevitable acordarse del invierno, del oscuro y del frío que deben asolar estos rincones con velocidad abrumadora en cuanto el sol se escapa hacia el valle de Etxalar. La noche se hace aquí muy larga, rodeada de silencios, acompañada de murmullos de bosque, de mochuelos y roedores. Pero por la mañana, con el resucitar del día, asomando las luces hacia las murallas de Aitxuria, se agradece especialmente el retorno a la vida. Así, camino despacio los primeros pasos que de Urtsumiatza llevan hacia el valle de Baztan. Junto a los robles del collado me despido de las praderas de Etxalar. Sé que me espera tierra solitaria pero casi lo agradezco esta mañana.
El viejo camino se encrespa suavemente en los perfiles de la loma de Palomeras. En otoño es mejor no venir a estas tierras; deberían ser el imperio de las aves viajeras pero son dominio de los cazadores que les acechan tras cada arbusto como los viejos carabineros de frontera. Fronteras marcadas desde antiguo también por otros hitos más macabros aún que las palomeras, todos emblemas de muerte. Son los bunkers de la “Línea P (Pirineos) o Línea Gutiérrez” –este era el nombre de uno de los coroneles de infantería que participó al parecer en el diseño de la fortificación- que debiera haber prevenido una invasión aliada desde Francia tras la Segunda Guerra Mundial. Nada sucedió y nunca un bunker fue utilizado para propósito bélico alguno pero ahora acompañan a cada trecho.
Así es el mundo de contradictorio cuando se cruzan las tierras más abruptas de esta Navarra pirenaica, en pleno Señorío de Bertiz, donde cada caserío es un paraíso apartado.
Alkurruntz parece hacerle la competencia a Aitxuria y me desafía. No puedo coleccionar todas las cimas, a mi pesar, aunque también es posible otro desvío a esta picuda pirámide. Por hoy la dejaré de lado a sabiendas de que en esta etapa tengo poco más que colinas para coronar. Están después de pasar Eskisaroi y aunque ahora este lugar ha perdido ya toda su actividad tradicional no deja de mantener una importante fuerza simbólica. Porque, como ahora, fue siempre una encrucijada de caminos fundamental; de arrieros transportistas, de contrabandistas y de ganaderos. Elizondo está cerca y todos los intrincados caseríos de la comarca tuvieron un paso por Eskisaroi. Ante la explanada de la antigua venta se congregaban cada verano, en agosto, por San Bartolomé, gentes llegadas de todos los pueblos del contorno. Rezaban la romería al santo y por supuesto festejaban la reunión con placeres para el vientre, cosa siempre importante en estos lugares solitarios.
Poco más que un caminante despistado o acaso un ganadero sorprendido de encontrar a un caminante se tropieza uno por estos pagos. Lo más, ganados tranquilos que pacen a sus anchas: vacas, ovejas y caballos. Casi siempre están ventilándose del calor del verano por Oiarmunho y Atxuela, las máximas elevaciones de esta jornada de tránsito. Sólo helechales y praderas coronan estos paisajes que miran a Baztan y a los confines de Iparralde.
De camino, antes de cumbrear Atxuela, le sale al paso al caminante una misteriosa cruz de hierro, soportada en una raída estaca. Me gustaría poder preguntar, pero no encuentro a quien; topar con alguien que explique la razón de este hito en la nada de los caminos de montaña. Al menos quienes acaban de renovar el GR11 se han tomado el trabajo de limpiar el balizaje que antes habían pintado sobre este símbolo. Gracias.
Las cuestas se acaban en Atxuela; al menos las que van para arriba. Ahora toca bajar, con la mirada puesta en Autza, que se ve muy grande, destrepando helechales y caminos de trote hasta la ermita de San Fermín, donde ya está el espacio urbanizado de Azpilkueta.
Asentada en un estratégico balcón que tiene el valle por panorama, esta Azpilkueta supo colocarse al pie de un viejo camino que antes recorrieron peregrinos y guerreros. Entre sus casas de piedra roja, en el solar de los Jaso, fue concebido el patrón navarro: San Francisco Javier.  La torre medieval que fue su primera morada ya desapareció pero el pueblo sigue protegido arrimando sus propias casas entre sí.
Bajando de Azpilkueta debe verse, si las nubes no lo impiden aquí donde más llueve en Euskal Herria, el vallecito que abriga a Amaiur, a los pies de Otsondo y Gorramendi. Un monolito se yergue sobre un cerro acastillado. En aquella fortaleza se sucedieron una tras otra repetidas invasiones desde el siglo XIII. Allí estuvo el último bastión desde el que los agramonteses defendieron a muerte el reino de Navarra. El castillo de Amaiur sucumbió ante los castellanos tras una heroica batalla en julio de 1522. Nada pudieron hacer doscientos hombres, entre los que estaban el padre y el hermano de San Francisco, contra los diez mil asaltantes que rodearon la colina. Pero aquel es todavía el más potente símbolo de la lucha secular por la independencia de Navarra.
A poco que oigamos una conversación entre Azpilkueta y Erratzu sabremos que estamos en Baztán, porque el euskera de esta tierra tiene música propia, tiene sonido de montañas, gesto amable en la palabra.
Arizkun está en silencio cuando cae la tarde. Porque hoy no ha salido su oso furioso. Sólo sale el martes de carnaval enfurecido por su encadenamiento. Y todavía, pese a su insistencia, no ha conseguido liberarse de la cadena de su domador que lo arrastra año tras año por la fiesta.
Erratzu está a un paso, de camino vecinal, de camino ahora asfaltado pero que siempre tuvo tránsito de vecinos, de amigos.









18 de enero de 2019

Volver a Baztan, siempre





De nuevo me pidieron reportajear en el valle del Baztan. Por supuesto dije sí, siempre digo sí a Baztan porque es una tierra a la que tengo cariño, porque me entusiasman sus luces, sus contrastes, sus praderas, sus ganados, las gentes que allí viven y la música de su euskera. Por supuesto me gustan sus montañas y sus caminos y vericuetos, escondidos o no tanto. De eso iba el trabajo que ha publicado la revista El mundo de los Pirineos, de presentar el valle y sus encantos y de llevar a los lectores por varios itinerarios para descubrir los encantos de esta tierra.  Ahí están: en una docena de páginas en las que no faltan luces, hay nieblas, viven las ovejas, donde caminamos disfrutando entre paisajes y horizontes. Contento fui, contento regresé y cuando quiera volveré a ese Baztan medien los encargos o simplemente porque siempre enseña secretos nuevos.









22 de febrero de 2015

Baztan en la mirada



Más Navarra. Inevitable pero agradecido de que me envíen de encargo a tierras navarras. Baztan fue portada costosa en Pyrénées Magazine Pays Basque y también llenó de color y vida sus páginas interiores. Debía ser un Baztan invernal, con color y sol pero nieve en las alturas. Varios viajes, poca nieve con alianza solar, mucha lluvia como siempre toca en la comarca más húmeda de Euskal Herria, también sol y fiesta carnavalesca por doquier me obligaron a descubrir aún aspectos para mí desconocidos del valle.
Hace tres días regresé de nuevo a las tierras donde nace el Bidasoa y ahora viajo de nuevo con otro destino navarro para el papel impreso.
Tendré que buscar una luz equinoccial y la sonrisa cómplice del sol, cosas difíciles de concitar pero retos necesarios para que el trabajo tenga interés. Lo veremos y lo contaré sin tardanza.







28 de febrero de 2014

Un oso escapa en Elizondo y causa el terror entre los niños de la escuela





Aunque el periodista Ander Izagirre nos avisaba de urgencia hace dos días de la explosión primaveral por los campos de Navarra un ramalazo de vientos del norte han traído de nuevo la desolación a las montañas en forma de temporal. Tronaba, relucían rayos y relámpagos, granizaba y nevaba bajo el aullido de un espantoso viento por las montañas que dibujan el horizonte del Baztan. 
Sin duda esa ha sido la causa, despertar primaveral y coletazo del invierno, que ha llevado a un enorme oso a campear a sus anchas por las calles de Elizondo. Pese a lograr ensogarlo nadie ha podido impedir que se colara en el gran edificio de las escuelas y causara el pánico entre los niños.
 El oso se ha atrevido a entrar en el edificio, subir por las escaleras y entrar aula tras aula en todos los recintos cerrados tras una puerta. No hace falta explicar los gritos de terror que se han podido oír por los pasillos. No bastante satisfecho, el peludo animal, con aspecto de fiera añosa, que todo hay que decirlo,  se ha colado en el campo deportivo donde algunos menudos salían al recreo matutino. Carreras y rostros de miedo se han mezclado con algunos intentos infructuosos de espantar a la fiera a balonazos.
Ha sido por fin la música la que ha terminado por aplacar la ira del bicho. “Sagardantza” y “Lantzeko zortzikoa”, como un bálsamo mágico, han logrado que el oso de Elizondo terminara abrazando a niñas y niños.
Mientras tanto llovía en el valle pero por los bosques de Artesiaga y praderas de Saioa la nieve se hacía dueña de los paisajes.
Son cosas que pasan por carnaval. En Baztan y en Navarra.




Entre gallos anda el juego






Es carnaval. Ihauteri, iñaute, aratuste o como quieran llamarlo con esas diversas denominaciones cargadas se significado simbólico por las tierras vascas. El jueves gordo que anticipa los días grandes del carnaval, “Orakunde” por los parajes del Bidasoa y Baztan muchas localidades llevan a la plaza el “oilar jokua” (juego del gallo), en el que participan muy pequeños, pequeños y grandes. La espada de madera no tiene que cortar la cabeza del gallo, basta que lo toque y entonces la máscara que cubre el rostro y cierra la mirada puede ser retirada. El premio irá a la cazuela, por supuesto.
Lo hemos visto por Arizkun y Elizondo, aun otros pueblos lo celebran viernes y sábado. Por los valles de la montaña Navarra el carnaval tiene raíces profundas. Aquí también me toca venir a buscarlas.





4 de junio de 2011

Estamos "de pelicula". Trabajo en equipo


Ya ha pasado una semana. Y seguimos de película. Esta vez toca mirar con ojo atento a la escena pero también lo que trascurre detrás de la cámara (de cine), en su derredor, antes y después de que la claqueta acompañe la orden de: "se rueda".
Los tiempos han cambiado mucho desde mis primeras experiencias de "foto fija" revelando negativos y positivando cada día en la ampliadora para tener listas las imágenes que debía servir para el raccord, también para la memoria de la película pero sobre todo para poder distribuir planos de cada escena. Nuestra película -me atrevo con el adjetivo porque en esto del cine nada es posible sin implicación absoluta- se rueda en digital, en Red One, una cámara modular que captura frames en formato RAW, lo que permite casi de todo en posproducción, pero sobre todo es cine con todos los apellidos y de eso contaré más en otro momento.
El trabajo es intenso, implacable en el ritmo que impone el equipo de producción. atado hasta el mínimo detalle donde está calculado casi todo -salvo la incontrolable meteorología-.
Hay una lección que se saca en cada plano filmado: hay un engranaje de elementos que deben funcionar al mismo tiempo para hacer que la máquina arranque y eso sería imposible sin un funcionamiento en equipo. Cada persona sabe cual es su función y desde la llegada al escenario de rodaje aquello se pone a hervir de actividad, a desbordar energía que casi siempre queda escondida en el producto final que es la película. Descubrir esa faceta y guardarla en forma de imágenes es la labor del "foto fija" actual, desembarazado de la persecución de la imagen de escena de cada plano que el rodaje con cámaras digitales ha permitido.
Seguiremos de rodaje por los escenarios de baztán aún varias semanas. Será una nueva experiencia para las imágenes de película.