No son tanto los paisajes sino la mirada y el
proceso técnico los que confieren magia y singularidad a las imágenes que el
CFC muestra en su sala de Bilbao. Son las fotografías de pequeño formato de la
serie que bajo el título The silence of forest ha realizado el artista japonés
Takeshi Shikama. Son fotografías que apeteciera tocar pese a ser tarea
imposible tras el cristal que las protege porque están copiadas mediante un
procedimiento muy especial. Takeshi trabaja como un místico en grandes formatos
y positiva sus copias sobre una emulsión de platino- paladio que él mismo
extiende sobre un papel tradicional de factura japonesa: el Gampi, que se
fabrica artesanalmente con ese mismo árbol. Las imágenes presentan una suavidad
extraordinaria, llenas de encanto pero al mismo tiempo cargadas de infinitos
matices.
Exposición para ver como
un ritual necesario a cumplir por quienes tengan pasión por la química, por la naturaleza, por los paisajes y por supuesto por todo lo
fotográfico10 de noviembre de 2014
23 de octubre de 2014
Agua somos
¡Qué maravilla el agua! ¡Qué bellos son los ríos!
¡Qué hermosura verlos nacer!
Qué momentos interesantes entregan cuando se
alcanzan sus fuentes, cuando allí se les escucha la caricia de la tierra y de
la vida, limpios y transparentes, sin más experiencia que la de un recorrido
subterráneo que casi siempre tenemos como desconocido.
Porque hay algo de
misterio en cada una de las fuentes fluviales que mana al pie de nuestras
montañas. No hay dos iguales; unas escupen sus aguas violentamente, otras las
dejan deslizar con amabilidad y dulzura entre praderas floridas o escurriéndose
mansamente entre rocas y peñascos,
algunas incluso obligan a sus gotas reunidas a despeñarse en abismos y
cañones insondables y también hay manantiales que se esconden en las mismas
entrañas de la tierra.
Marchar en busca de las
fuentes plantea a veces como primer reto saber cuál es el agua primicia de un
río, discernir sobre la verdad del nacedero oficial o proponer alternativas y
en otras ocasiones, a sabiendas de que nuestro destino es secundario, seguir
caminando en su busca porque nos apetece ver más allá de lo que conocemos.
He jugado con buenas
compañías constantemente a esta diversión en el proyecto de búsqueda de
nuestros nacederos. Y en este juego hemos encontrado historias singulares que
nos cuentan muchas cosas de nuestros ríos. Hemos descubierto debates y litigios
sobre las fuentes verdaderas que determinan la propiedad de las aguas,
discusiones eternas sobre ríos principales y afluentes, sobre quién debe llevar
el nombre al llegar al mar y también que muchos de los ríos que conocemos
tienen nombres que ignoramos cuando aún son unos recién nacidos.
Sí, hay ríos largos y
cortos, caudalosos y exiguos pero pocas veces hay una relación entre aquello y
su fuente. Y por eso nuestra indagación ha escudriñado toda la geografía vasca
para detenerse en aquellos lugares que ofrecieran rincones de descubrimiento al
viajero que gusta de naturaleza, paisajes y alma de país.
En esto lo mejor, como casi siempre, no es el resultado,
es el camino andado. Para quien desee aproximarse a esta experiencia este
trabajo recién nacido solo es una buena excusa para iniciar el sendero. A los
nacederos de Euskal Herria.
15 de octubre de 2014
Fotografía y productividad
¿Qué pintan estos dos términos del vocabulario juntos? Lo
explico con mi experiencia.
Año 2010. Una llamada me solicita fotografías para vestir
una pared gigante de una oficina gigante. Es una pared gris y mi propuesta
consiste en sacarla del silencio con grandes panorámicas de paisajes. El primer
gesto de respuesta es relativamente atravesado pero, quizás por defenderla con
pasión y seguridad, me dejan desarrollar la idea, me escuchan y aceptan.
Estamos en Bizkaia y se imponen los contenidos con varias determinantes: el
territorio, la diversidad, el color, la sugerencia y la pulsión emotiva. Habrá
un río vertical, una montaña nocturna, un horizonte de planos infinitos y una
marina emocionante. Cada una ocupa casi tres metros de pared y componen el
paisaje que acompaña la marea de mesas y ordenadores que trabajan allí
intensamente cada día. Satisfacción a primera vista.
Año 2014. Nadie se ha cansado de tener ahí esas fotografías,
todos están felices de su compañía diaria, son como un pulmón fresco, una
ventana abierta al paraíso. Pondremos una más, horizontal, en el mismo muro y
una serie nueva se repartirá por las paredes de los despachos internos. Otro
conjunto pondrá el toque severo y elegante en la sobria sala de Juntas.
Porque tener la tierra que amas a la vista, hermosa y
sugerente, es un respiro, un hilo de aliento en el ritmo del trabajo.
Reforzarán la satisfacción de la vida en la oficina y de modo indirecto serán
aliadas de la productividad. Mérito compartido de quienes toman decisiones, del
fotógrafo y de un país que ofrece imágenes dignas de mirarse.
1 de octubre de 2014
Pasar por el aro
Ahora que ando entre huecos, agujeros y vacíos de
toda clase me ha tocado “pasar por el aro”. No por uno, sino por seis en
realidad. Aunque, si la Real Academia de la Lengua Española dice que “pasar por
el aro” es hacer, vencido por la fuerza o
maña de otro, lo que no se quiere el significado no vale para este caso. A
los animales les hacen pasar por el aro en el circo pero en Gipuzkoa, en las
faldas de la montaña del Ernio, no le obligan a nadie. Son cientos los romeros que
pasan camino de la cima y se detienen un momento junto a Gurutze Zaharra, en el
rellano que anticipa los repechos finales hacia la cúspide crucificada. Allí
hacen pasar su cuerpo y sus miembros por cada uno de los seis aros de metal en
la esperanza de ver cumplida alguna de esas viejas creencias que afirman que el
gesto procura beneficios en las dolencias musculares, óseas y reumáticas. Un
singular ritual de sanación al que la memoria no es capaz de poner fecha
iniciática. Los aros son rectangulares, ovalados y circulares, pulidos y
brillantes de hierro gastado. Normalmente descansan en los brazos de la cruz
pero en los domingos de septiembre no paran de acariciar cuerpos de toda clase.
Dicen que antes hubo hasta una veintena pero algunos desaparecieron rodando
montaña abajo. Seis aros, seis gestos, seis voluntades con raíz desconocida; en
el Ernio.
18 de septiembre de 2014
He estado en el infierno
Lo he visto de muy cerca. O creo que algo así puede ser el infierno. En la punta de una montaña, mirando horizontes negros en todo el derredor, solo peinados por las cortinas de aguaceros descolgando de sus nubes, estruendos y ecos de truenos sobre mi cabeza, destellos brillantes, rayos impresionantes aquí y allá. Sin descanso, sin tregua, durante horas… Para despedirse, el ruido se ha tornado en aguaceros estrepitosos pero el viento no ha dejado de sacudir con lo que la lluvia golpeaba todo con violencia.
Durante un intervalo de calma llegó una luz por el infinito que enseñó sus mejores colores. Aquello me convenció de que incluso el infierno puede tener un final dulce.
28 de agosto de 2014
27 de agosto de 2014
Fotografiar el vacío
´
Cada vez que me reencuentro con un colega surge una pregunta
recurrente: ¿en qué andas? ¿Qué estás haciendo?
Me lo suelen preguntar porque soy un poco irregular, me
gusta picar en muchos campos y como buen free-lance soy aventurero y abierto a
toda clase de experiencias fotográficas.
La de ahora tampoco es tan rara. Pero cuando surgió hace
cuatro días la pregunta quien escuchó mi respuesta escribió en su rostro un
gesto ceñido, estupefacto y consiguientemente interrogador. Estoy buscando
agujeros, fotografío el vacío le dije. Le expliqué enseguida, para su
tranquilidad, que no es exactamente el vacío lo que fotografío sino el hueco
dejado algún día por rocas de toda índole en el paisaje. Pero resulta divertido
tener que explicar la búsqueda, aunque es más divertida la búsqueda misma,
sobre todo cuando obliga a marchar por tierra, mar y aire con la mirada atenta.
Aunque a veces uno corra el riesgo de perecer en el intento si no contara con
ayudas fundamentales. Gracias Rober y César.
21 de agosto de 2014
Un caballo mirándome
Caminaba solo, entre las nieblas que amenazaban un
chaparrón inminente. Nadie en las montañas porque los seteros ya habían marchado
de vuelta con su trofeos escondidos. Nadie a esa hora de los madrugadores en
busca de silencio y luz.
Iba mirando esas siluetas imponentes que se van
recortando como fantasmas apareciendo y despareciendo. De pronto aquellas
siluetas tomaron vida. Se me quedó mirando creando una fantasía que me hizo
dudar de si era cierta tanta belleza. Duró solo un instante. Pensé que él
estaba tan sorprendido como yo y marchó enseguida como si no quisiera perturbar
mi camino. Se equivocó porque me hubiese gustado quedarme mirando un buen rato.
Pero casi fue mejor. Luego vinieron los montañeros del domingo, comenzó el
ruido, llovió, salió el sol. No estuvo mal pero lo mejor fue aquel caballo
mirándome. Sucedió en Aiako Harria. Me gustan los caballos.
13 de agosto de 2014
Me siento culpable
¿Culpable?
¿Responsable?
De
haber colaborado en el incremento del turismo francés en Vitoria-Gasteiz este
verano.
De
haber sembrado interés por lo que pasa en este pequeño país.
Lo han dicho al analizar las cifras de
visitantes extranjeros a las fiestas de la capital alavesa en 2014: ha crecido el número de viajeros,
especialmente de franceses.
Sí,
les dicen franceses también a los vascos del norte y ahí, quizás, mi
responsabilidad. Porque más de diez mil ejemplares de la revista Ibilka se han
mirado en el sur del territorio francés y ahí estaba mi firma, mi mirada sobre
las fiestas de la Blanca en un pequeño reportaje firmado por Txomin Laxalt.
Otro reportaje con las mismas firmas en esa revista viajaba por las bellezas y
caminos de Jaizkibel. Probablemente por allí también crecerá el número de
“franceses”.
Que
nos lean, que nos miren, que nos sigan, certifica que nuestro trabajo es
importante porque tiene capacidad de influir en la sociedad y en el entorno;
significa que debemos hacerlo bien, con honradez y sinceridad.
No
esperaremos un premio ni una propina por la economía derivada que se haya
generado. Nos bastará con que siempre nuestro trabajo esté lo bastante bien
pagado para poder hacerlo de este modo.4 de agosto de 2014
Ibaizabal o Nervión
¿Cuál es el afluente?
Me asalta esta pregunta mientras trabajo en un proyecto sobre las fuentes principales de los ríos de Euskal Herria.
¿Es el Ibaizabal o el Nervión el río principal
de esta cuenca que tiene la ría de Bilbao al Abra como desembocadura en el
golfo de Bizkaia?
Tantos ríos de tinta corridos como las propias aguas que vierten
al mar no terminan de poner en orden las ideas. Todavía en la literatura
geográfica más actual se mantiene esta controversia y lo mismo hay quien
considera que el Nervión es un afluente del Ibaizabal que quien considera que
este es el principal y el Nervión su afluente, o quien, salvando los papeles,
habla de Nervion-Ibaizabal o Ibaizabal-Nervión, según sea la pluma.
Probablemente esta confusión es remota porque si leemos cualquiera
de nuestros referentes en descripción geográfica del territorio vizcaino como
por ejemplo son Humboldt o Delmas descubrimos que esa imprecisión es muy vieja.
Wilhelm von Humboldt (Don Guillermo) escribe en 1801 (Los Vascos) cómo el
viajero verá desde Bilbao “las encantadoras márgenes del Ibaizabal” para anotar
al pie que “lleva este nombre solo desde su unión con el Nervión”. Juan
Eustaquio Delmas escribía en 1864 (Guía Histórico-Descriptiva del Señorío de
Vizcaya) que de los seis ríos en importancia en el territorio “Es el primero el
Ibaizabal o Nervión, que toma origen en las fuentes de Délica, en la Peña de
Orduña…” A la lectura de estos texto la confusión está ya servida.
Podremos dirimir la cuestión basándonos en datos numéricos:
caudales, longitudes, superficies…
¿Alguien puede confirmar el caudal máximo de la cuenca de cada uno
de los dos ríos? ¿Alguien puede hacer lo mismo con la longitud de todo su
sistema? ¿Alguien puede aportar el dato exacto de cuál es la superficie de sus
cuencas? Dejo la tarea a los geógrafos y sus reglas de cálculo para que sigan,
si les parece, discrepando.
Porque, si decidiéramos cuál es el río principal basándonos en el
dato más usado en tiempos modernos como es la distancia de la fuente a la
desembocadura, es decir la distancia que una gota de agua está obligada a
recorrer desde el nacedero hasta el mar, ganaría el Ibaizabal por no menos de
diez kilómetros.
Me basta esa razón, es para mí suficiente argumento teórico,
aspectos emocionales que también cuentan y mucho aparte, para en adelante
considerar al Ibaizabal como río principal.
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