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26 de marzo de 2016

Cosas de bomberos


A EUSKAL HERRIA GOITIK BEHERA le suceden cosas simpáticas, emocionantes diría yo. Y la última es una de bomberos. No tiene nada que ver con esos trabajos que a menudo me solicitan y que yo defino de “fotógrafo bombero” y solucionador de reportajes inconclusos, no. Tiene que ver con 25 bomberos que se jubilan en los parques de Bizkaia.
Hace unos días recibía una llamada de teléfono:
-          Santi, he visto que tienes el libro Goitik Behera a la venta en tu web y que lo firmas y dedicas. Y me parece un trabajo precioso pero verás, cada año hacemos un regalo simbólico a los bomberos que se jubilan, algo relacionado con Euskal Herria y este libro es perfecto para eso-.
-          Bien, me alegro- , respondí.
-          Además hay bomberos que se jubilan del parque de Markina y por eso es mucho más apropiado; supongo que ya sabes por qué-, me explicaba el bombero a quien se le había ocurrido la cosa.
Sí que lo sabía: la primera imagen del libro Goitik Behera es de la cantera de mármol de Markina porque allí comenzó mi segunda vida y allí comenzó la historia del libro. En aquella cantera, sobre un lecho blanquecino de espesos polvos de mármol, quedó tendido mi cuerpo herido, despedido a más de una decena de metros del helicóptero en el que nos habíamos estrellado y en el que morían mis compañeros Iñaki Pangua, Rubén Cortijo y Roberto Arenas.
No lo recuerdo, no recuerdo nada. Lo supe tiempo después por el relato de un bombero del parque de  Markina, una de las primeras manos amigas que cuidó de mí aquel día: “estabas lejos del helicóptero y te movías, te querías levantar y solo decías: me llamo Santi y vivo en Llodio”.

Por eso es bonito que los bomberos hayan pensado en Goitik Behera, por eso es bonito cómo esta historia cierra un círculo de acontecimientos de fotógrafo y sobre todo de bomberos. 


11 de noviembre de 2011

FOTOGRAFO BOMBERO



Eso le llamo yo a ser el que soluciona las emergencias. Emergencias provocadas por otros fotógrafos incapaces –perdón- de terminar sus trabajos como debieron. Lo digo con la experiencia de quien ha apagado muchos fuegos, ha sido llamado a última hora para solucionar una portada, para salvar el encargo de otro o para completar con imágenes de archivo un trabajo inconcluso.
Se preguntarán algunos por qué existen fotógrafos bombero. Existimos porque hacemos valer nuestro currículo al recibir una propuesta y eso cierra puertas; existimos finalmente porque somos blandos y aceptamos ser el parche que necesitan los directores de arte; porque, aunque parezca inverosímil, los editores pagan ciertos “peajes” con algunos fotógrafos en un intercambio en el que nunca está pactada la calidad. Y finalmente deben recurrir a terceros de confianza para salvar su expediente.
He venido a escribir esta reflexión porque acabo de hacer la portada de una revista francesa cuya única foto con mi firma será esa. El autor del reportaje de Xareta debería haber entregado alguna de las imágenes de su reportaje válidas para ese destino y no lo hizo pero terminarán pagándole un trabajo mal hecho.
Me queda un orgullo añadido a la duplicidad en esa profesión de fotógrafo-bombero: nunca en treinta años nadie necesitó llamar a otro para completar mi trabajo.