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13 de diciembre de 2015

Fotógrafo tendero



De fotos, de fotografiar, uno sabe ya un poco porque a eso ha dedicado toda su vida. Pero de aquello a convertirse en tendero va una distancia larga, mentalmente sobre todo, aunque no tanta en el espacio que separa una tarea de la otra.
He experimentado este nuevo oficio justo después de ejercer otro también nuevo para mí: editor. Nos dicen “autoeditor” cuando lo que has llevado al papel es tu propio trabajo. Lo de tendero me lo digo a mí mismo porque acabo de vivir la experiencia de poner un par de libros ante el público en un mostrador de feria, de feria del libro, de Durangoko Azoka,  a donde llega cada invierno lo más nuevo y también lo  que sobrevive del mercado de la edición de libros, discos y otros productos culturales relacionados con lo vasco.
Experiencia enriquecedora porque enseña cómo mira la gente tu trabajo; cómo lo mira la que ya es tu competencia; como te reciben, saludan y evalúan tu quehacer. Lo sientes de cerca pero puedes hacerlo desde la distancia si te colocas entre el público discretamente. No, Durangoko Azoka no es un indicativo de mercado. Ya me lo han advertido alrededor: acaso un buen escaparate, en todo caso un lugar interesante para todo lo relacionado con lo vasco porque es punto de encuentro, confluencia de intereses y miradas, y también un escenario perfecto para el “postureo cultural”.
Hemos estado, sentido y percibido; aprendido muchísimo de ese puestito de tendero. El futuro y los proyectos que esperan en la recámara serán el mejor indicativo de esas lecciones aprendidas. Por eso hay que estar atento a los pasos de este fotógrafo inquieto, también escribidor y ahora editor. Porque la crisis también va dejando mensajes y no ha podido derrumbar ninguna ilusión en esta casa.
Para comenzar échenle una mirada a la nueva web www.santiagoyaniz.com

Aún tiene que desarrollarse pero es el complemento firme de los pasos seguidos en este blog.



11 de noviembre de 2011

FOTOGRAFO BOMBERO



Eso le llamo yo a ser el que soluciona las emergencias. Emergencias provocadas por otros fotógrafos incapaces –perdón- de terminar sus trabajos como debieron. Lo digo con la experiencia de quien ha apagado muchos fuegos, ha sido llamado a última hora para solucionar una portada, para salvar el encargo de otro o para completar con imágenes de archivo un trabajo inconcluso.
Se preguntarán algunos por qué existen fotógrafos bombero. Existimos porque hacemos valer nuestro currículo al recibir una propuesta y eso cierra puertas; existimos finalmente porque somos blandos y aceptamos ser el parche que necesitan los directores de arte; porque, aunque parezca inverosímil, los editores pagan ciertos “peajes” con algunos fotógrafos en un intercambio en el que nunca está pactada la calidad. Y finalmente deben recurrir a terceros de confianza para salvar su expediente.
He venido a escribir esta reflexión porque acabo de hacer la portada de una revista francesa cuya única foto con mi firma será esa. El autor del reportaje de Xareta debería haber entregado alguna de las imágenes de su reportaje válidas para ese destino y no lo hizo pero terminarán pagándole un trabajo mal hecho.
Me queda un orgullo añadido a la duplicidad en esa profesión de fotógrafo-bombero: nunca en treinta años nadie necesitó llamar a otro para completar mi trabajo.