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26 de enero de 2020

Cuando los drones cuentan historias (o ayudan a contarlas)






Han pasado ya muchos años desde que me atreví a fotografiar en formato panorámico. Con película, con pesadas cámaras de formatos especiales, conseguí poner en manos de los editores dudas e inquietudes para resolver sus diseños y maquetas con imágenes más parecidas al panavisión del cine que a los rectángulos fotográficos. Y resolvieron sus angustias sacando provecho a aquella novedad visual de manera sobresaliente: creando dobles páginas impresionantes, fabricando un sello con apellido donde las panorámicas se integraban, como lo hacen todavía, a la perfección. Hasta el punto de ser capaces de componer reportajes de gran interés visual ilustrados íntegramente en formato panorámico.
Ahora es tiempo de drones, parece. Pero no es así, solo: es tiempo de herramientas múltiples y los drones son una más de las muchas disponibles. Están de moda pero no tienen más capacidad para resolver las necesidades visuales que las que pueda aportar la mirada de quien los dirige, quien los pilota y quien enfoca con sentido sus cámaras. 
Pero, como herramienta visual, nos ayudan de forma absolutamente eficaz  en esa capacidad que tienen tanto la fotografía como el audiovisual para contar historias. Ahora los drones son en mi equipaje otra herramienta insustituible, como las panorámicas que permiten obtener con un nuevo punto de vista; sí, las imágenes que aportan a mis reportajes apoyan de modo rotundo los relatos que cuento en ellos. Lo hacen  hasta el punto de poder resolver, como acaba de suceder en Canal de Navarra, casi al completo, una buena historia con esa mirada aérea como único punto de vista.
Los drones no cuentan historias pero ayudan a hacerlo.     







27 de enero de 2018

Recordando a Miss Hawley



El 26 de enero de 2018, invierno frío, también en el Himalaya, también en Kathmandu, nos ha dejado Miss Hawley, la cronista y referente del himalayismo en varias décadas.
Tuve la oportunidad de estar con ella, compartiendo oficio de cronista y sufriendo sus interrogatorios al mismo tiempo. Fue durante la expedición Bizkaia Everest 97 cuyas crónicas y fotografías llegaron a los medios por primera vez en la península enviadas mediante un teléfono vía satélite.
Lo escrito y publicado en prensa y en la web de la expedición, cuando aún Internet estaba en pañales (https://www.sarenet.es/everest/Indice.html), tiene vigencia veinte años más tarde. La imagen, con el alpinista Juanrra Madariaga mirándole, mientras interroga a Wylly Bañales es todo un recuerdo. La fotografía se realizó con una de las primeras cámaras digitales de Canon, una powershot que capturaba en máxima calidad archivos de 250k.




La visita de Miss Hawlley

Ha llegado montando un viejo Volkswagen pato de los años sesenta con matrícula roja nepalí y conducido por un lozano y joven autóctono.  El suyo es un cuerpo espiritual enfundado en un fino vestido a rayas verticales y ceñido por un cinturoncillo de la misma tela. Camina sobre unas chancletas estrechas y cubre su cabeza con un pelo rubio cardado escasamente y con un toque de peluquería barata. De palidez casi cadavérica, la expresión de su rostro es una interrogación continua. Sobre la punta de su nariz apoya unas medias gafas que utiliza para leer los interrogatorios.
Una llamada había anunciado de víspera su llegada y acaba de cruzar el umbral de la puerta del hotel Ghauri Shankar de Kathmandu preguntando por los miembros de la Expedición al Everest. Sin mediar muchas palabras, suelta un good moorning, pregunta por el jefe de expedición y, tras decir quién es, extiende una ficha a cada uno de los alpinistas. Datos de identificación, profesión, puesto en la expedición, patrocinadores, objetivos… todo lo quiere saber.
Es nada menos que Miss Elizabeth Hawlley, una vieja conocida de todos los asiduos a las montañas del Himalaya. En su tarjeta de presentación se identifica como corresponsal en montañismo para la agencia Reuters, para el American Alpine Journal, el Himalayan Journal, las revistas Alp, Climber, Climbing, Klettern, Neue Zürcher Zeitung, Vertical y Yama-Kei, aunque hay quien afirma que puede también serlo hasta de la C.I.A.
En realidad Miss Hawlley pasa revista e interroga a cada uno de los alpinistas que desde Kathmandu se encamina hacia una alta montaña. Es muy difícil que nadie se escape a su control, si no directo, indirecto. A la ida y al regreso. Inquiere a los alpinistas sobre ellos mismos pero también sobre los demás. Y así ata cabos. Sabe quien ha subido y quien no a tal o cual cima, sabe si lo ha hecho por tal o cual ruta, si dice verdad o engaña.
Su censo de ascensiones, habitualmente cotejado con el bilbaino afincado en Londres Javier Eguskiza, es casi infalible. La Hawlley y Eguskiza se conocen cada palmo de las rutas de los ochomiles del Himalaya, mejor que cualquier alpinista, sin haber estado nunca en ellos.

De sus indagaciones tampoco los vizcainos nos libraremos. Seremos sinceros. 

10 de febrero de 2015

De reporter y sin parar




Reportajeando aquí y allá viví el Camino de Santiago vasco durante varias jornadas, marché a Argentina, terminé el Bidasoa y viajé por toda Euskal Herria para el proyecto que en breve conformará un pequeño libro. Encargos no faltan, proyectos editoriales tampoco aunque la economía no acompañe del mismo modo que la exigencia. Lo dijo Walter Astrada en el taller de Getxophoto: una buena fotografía la puede hacer cualquiera pero cualquiera no es capaz de contar bien una historia en fotografía. En ese empeño estamos, intentando contar historias. Y seguiremos mientras el mercado nos lo permita.