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7 de noviembre de 2020

"BURDINURA" finalista en el italiano CITTADELLA GEO FILM FESTIVAL




Así dice la noticia:

La pieza audiovisual creada por Santi Yaniz y Anton Lazkano para la exposición “Burdinoletan zehar. Bizkaia, territorio ferrón”, es finalista en el italiano CITTADELLA GEO FILM FESTIVAL de Venecia entre más de 500 documentales presentados. 

Burdinura es el audiovisual que de forma mágica introduce al visitante en la exposición “Burdinoletan zehar. Bizkaia, territorio ferrón”-, que se inauguró en julio de 2019 en la Ferrería de El Pobal. Esta muestra nació para ofrecer una visión panorámica y actualizada del patrimonio ligado a la industria tradicional del hierro en Bizkaia. Un legado cultural tan rico como desconocido.

Burdinura son tres intensos minutos de poesía visual, que sus propios creadores, Santi Yaniz y Antón Lazkano, definen como “un viaje emocional desde el monte Kolitza hasta el Golfo de Bizkaia”, un viaje que evoca el periplo del agua “que hace hierro”, a través del Paisaje Industrial Cultural del río Barbadun. Una delicia para los sentidos y una forma diferente de poner en valor el patrimonio, en este caso del hierro y del agua, desde la estética y la emoción.

Burdinura fue un intenso trabajo de grabación a lo largo de tres meses en busca de luces, ambientes y escenarios a lo largo del cauce del río Barbadún, en Bizkaia. Cámaras en el aire, colgando de cables, bajo el agua y a mano, siempre trabajando con luz disponible. Muchas horas de grabación que Anton Lazkano revisó para sacar segundos enérgicos con los que crear gracias a su maestría un potente e intenso audiovisual.

En el III Citadella GEO FILM Festival Burdinura pasó la primera selección de los 100 documentales que se han proyectado en la bella ciudad medieval italiana, todos con una duración máxima y temática en torno al medio ambiente y los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua.

El próximo día 21 de noviembre se conocerá la película ganadora del gran premio: Premio Internazionale di Cinematografia “The Golden Earth” y también los galardonados por la mejor dirección, mejor tema y mejor guion de este certamen donde el público que asiste al festival ejerce de jurado.


Quedan unos pocos días pero saber que un trabajo hecho con pasión y mucha paciencia es reconocido lejos de casa y es finalista en un festival entre varios cientos de películas con mucho presupuesto y no pocas ya galardonadas en otros festivales es un empujón para seguir en la brecha. Estar ahí ya es un premio. Lo dicho: seguiremos trabajando en imagen fija y en imagen en movimiento. 
 
El video puede verse también en youtube en el canal de Bizkaia

















4 de marzo de 2016

Del Adriático a las nubes apeninas


Adriático en Porto Garibaldi

Me gusta tocar las aguas de todos los mares que tengo cercanos; también las que me enseñan horizontes abiertos en mis viajes, sean estos pequeños o grandes.
En Bolonia tenía un dilema: ir al Adriático o al Mediterráneo. Por nuevo para mis experiencias y por cercano y accesible tomé ruta hacia el primero. Con la excusa múltiple de pisar arena, de ver el mar y de percibir el ambiente portuario que desde siempre también me interesa y en este caso pasaba por Rávena.
Una ruta campestre, llana como si se hubiese trazado a nivel y tiralíneas, recta casi siempre, ocasionalmente buscando el paso entre marismas medio inundadas, pinedas y campos de arroz, se aproxima a ese universo inabarcable que es un gran puerto. Solo los camiones, las chimeneas que avisan de activos cinturones industriales y el tráfico multiplicado aciertan a anticipar la tierra robada a la costa para ser convertida en medio de producción.
Rávena, a un costado de todo eso, es un pequeño paraíso peatonal, amable y tranquilo, una invitación siempre. Aquí también, como en toda esta región italiana entre la Toscana y la Emilia-Romaña es divertido ver que todo el mundo pedalea porque la bicicleta es medio cotidiano de desplazamiento; pero además porque lo hacen del mismo modo con una mano en el manillar otra en el paraguas, si llueve, y parecido si deciden hablar por teléfono mientras pedalean, como si tal cosa.
Café capuccino en Rávena, callejeo consiguiente y mirada sin atención a los famosos mosaicos bizantinos. Porque me interesaba sobre todo el mar y para eso busqué, sin saber, un puerto, un rincón de agua donde amarran barcos que pescan y así terminé paseando entre la lluvia junto a los raídos pesqueros de Porto Garibaldi. Y allí al lado, donde el mar deja de ser alimento para acariciar cuerpos de playa, pisé las arenas del Adriático, apenas toqué el agua, fría en tiempo de invierno, y vi que el horizonte agrícola del interior se transforma aquí también en línea especulativa de apartamentos y rascacielos. Para ver poco entre llovizna y brumas de invierno.
Menos mal que de retorno la lluviosa tarde me regaló un momento de esplendor, un rayo luminoso suficiente para pintar un cuadro, acaso un Cezanne, acaso un Renoir, pero bastante para una foto.

Emilia Romaña

Adiós Adriático, adiós Apeninos
El contraplano de aquel corto viaje marino marchaba en busca de las montañas, a mirar bosques y colinas, a intuir la espina de los Apeninos. Fue infructuosa.

Porque los Apeninos, ni verlos.  Incluso trepando más allá de Módena, ese lugar que suena a vinagres aromáticos, una solitaria ruta zigzagueante entre aldeas alimentadas por solitarias fábricas de cerámica y remontando un desnivel cercano a los 900 metros hasta la localidad de Serramazzoni; imposible. Allí estaban recientes las nieves pero las nubes se habían apropiado del mundo y más allá de un centenar de metros todo era de un impenetrable y espeso gris pálido de nieblas espesas. Imposible ver, solo sentir el frío húmedo y aliviarlo entre los jugadores de cartas de la taberna local. Para qué buscar más si el tiempo pasa a gusto entre bastos, espadas, copas y oros. Y ahí concluyó, sin gloria pero sin pena, esta fugaz mirada apenina. Con sabor a mixtura de helados en el “gelato lab” de la fábrica de Carpigiani. Sabrosa Italia.



Bosque en Serramazzoni