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13 de noviembre de 2021

Hay que ver: ¡cómo está el audiovisual!

 



Miércoles. Suena el teléfono. Al otro lado se identifica una mujer que dice trabajar para un programa de ETB (Euskal Telebista, la televisión pública vasca): "Duelo en las alturas". Ese es un programa que alardea de altas tecnologías, de drones, de escaneo en 3D de edificios históricos y que presenta la estrella televisiva vasca Ane Igartiburu. 

 

- Hemos visto unas fotos tuyas antiguas de la Alhóndiga de Bilbao y nos interesan para un programa que hemos grabado sobre la Alhóndiga. ¿Cómo podríamos hacer para que nos las pases? ¿Nos las cederías?, dice amablemente.

- Sí, claro, son de mi archivo, y yo vivo de esto. Os puedo dar un precio.

- Vale, le paso tu teléfono a la productora, ella se pondrá en contacto. Gracias.
- ¿Para qué productora es? -pregunto antes de colgar-
- Baleuko
- Gracias, agur.
 Solo tarda dos minutos en llamarme la productora; no recuerdo su nombre.
Me pregunta el precio de las fotos, sin más.
- 90 € + IVA por foto, le digo.
- Bien, vale, lo valoraremos y ya te llamo.

 

Sucedió hace más de 15 días y no han llamado.
Querían unas fotos que no existen en ningún sitio, fotos que ya me han pedido más veces y fusilado otras tantas.
Eso de pagar parece que ya no es estila en la televisión.
¡Como está el audiovisual!




16 de septiembre de 2015

Algo le falta a Tabakalera





Ya está inaugurado Tabakalera, el centro de cultura contemporánea y creación de Donostia, y aún deben ponerse en marcha muchas cosas.
 Todo bien, pero algo falta en Tabakalera. ¿Se habrán olvidado?
A Tabakalera le falta conservar su alma, recordar de algún modo permanente qué fue, por qué se construyó y para qué. Solo un pequeño resumen en la web de Tabakalera lo recuerda.
Le pasa igual que a la Alhóndiga de Bilbao que ahora quieren que se llame Azkuna Zentroa: no hay allí en tantos cientos de metros de espacios vacíos una triste cuba de madera que recuerde las que rodaban llenas de vino y vacías por su interior, ni un pellejo de vino de aquellos que se transportaban a hombros o sobre una carretilla, ni un carro de los que se llenaban de garrafones. No hace mucho tiempo descansaban a la intemperie en un solar de Bilbao, sin custodia ni amparo, varios de aquellos toneles. ¿Se habrán quemado ya en alguna estufa?
Le pasa lo mismo que al Guggenheim, que ha olvidado recuperar de algún modo “artístico”, al menos  la corona de la chimenea con baldosas cerámicas que remataba el edificio de la Compañía de Maderas sobre cuyos escombros se alza el supermuseo de Bilbao. Seguro que combinaba bien con las esculturas de Serra. ¿Dónde está aquella chimenea?

En Tabakalera hay muchos miles de metros cuadrados todavía vacíos y no hemos visto una cajetilla de los Ducados que se fabricaron en su última etapa, tampoco aquellos gigantes fardos con tabaco que descansaban almacenados en sus sótanos. Es preocupante que a los edificios que tuvieron alma se les vacíe tan fácilmente de su memoria en favor de la modernidad y por eso sigo creyendo que algo le falta a Tabakalera.