18 de mayo de 2012

Día internacional de Internet. Fuimos pioneros


Corría ya el año 1997. Los franceses habían ya mandado las primeras fotos desde el Himalaya vía satélite. En la Panínsula solo se había hecho con algunos textos. Nadie sabía aquí cómo hacerlo, cómo conseguir poner una fotografía captada con una de las primeras cámaras digitales que en su máxima calidad pesaba 250 Kb en la redacción de un periódico. Debimos experimentar, descubrir qué era Internet, qué era un servidor FTP, qué era un teléfono satélite.
Nos "prestaron" dos cámaras Canon Powershot que equipaban tarjetas de 16 megas, un ordenador IBM que dejó de funcionar en una semana, el primer teléfono vía satélite que llegó a la Península y de la "red" y del servicio se ocupó una empresa pionera que es SARENET que se ocupó además de crear una web donde podía seguirse cada paso de la expedición al Everest. 
El primer envío por el satélite precisó 12 minutos de trasnmisión para conseguir mandar una fotografía pero aquella ocupó la portada del periódico DEIA.
Lo que hoy es cotidiano fue entonces un reto. También entonces fuimos pioneros. 
Acompaño la primera crónica que viajó´por el satélite, con los comentarios previos que la acompañaron. Hoy ya es historia, parte de la historia de Internet.

Experimentando con el satélite
 PRIMER ENVÍO VIA SATÉLITE

30 agosto 1997. Kathmandu.  3ª crónica

Buenas tardes gente. Ya hemos realizado la primera etapa de la marcha de aproximación, sólo 2,30 horitas,y los primeros síntomas del efecto de la altitud ya se dejan notar aunque no estamos más que a 2.700 metros.
Esta es mi primera transmisión por el satélite y espero que llegue en condiciones. Intentaré enviar la próxima en dos días si el dolor de cabeza me lo permite.


Saludos de Santi.



Niña nepelí en Kathmandu

PRIMEROS PASOS HACIA EL EVEREST

La primera de las ocho etapas de la marcha de aproximación fue realizada ayer entre Lukla y Padhing


Santiago Yaniz Aramendia

La Expedición Bizkaia Medio Ambiente Everest 97 dio por fin ayer los primeros pasos hacia la montaña. Mejorada la salud de todo el equipo y terminados todos los trámites burocráticos en el Ministerio de Turismo ha llegado el momento de pensar únicamente en trabajar para llegar a la montaña.
Un gran madrugón nos sacó ayer de Kahtmandu para tomar a las siete de la mañana un helicóptero de transporte hasta la aldea de Lukla, punto de arranque de la marcha de aproximación.
La máquina rusa de Asian Airlines rugió con fuerza para mover los más de mil kilos y una docena de personas que viajábamos en el interior. Cuando cruzó las nubes para alcanzar una altitud de 3.500 kilómetros pudimos ver ya las primeras estribaciones de la cordillera del Himalaya, relucientes de nieve y entre las que destacaba el Hidden Peak. El vuelo se prolongó casi una hora y durante todo este tiempo el paisaje era una continua alfombra verde, arrugada en infinidad de pliegues sobre los que ni una sola carretera se dibujaba. Los campos de arroz de un verde intenso en esta estación de lluvias delataban la vida que también se manifestaba en un sin fin de pequeñas casas enlazadas entre sí por diminutos senderos.
El helicóptero se dejó caer desde las alturas en un profundo barranco. Allí estaba Lukla, la puerta más visitada en los caminos del Everest, casi famosa en el mundo entero por su pista de aterrizaje cuesta arriba.
El sábado es fiesta en Nepal y la aldea estaba escasa de porteadores, que en esta jornada ascienden hasta el mercado semanal de Namche Bazar.
Mientras los expedicionarios tomábamos un desayuno local, un «arroz con leche» muy sui generis regado con té en abundancia, nuestro shirdar Lhakpa Dorjee se ocupó de negociar con los jóvenes locales el porteo de nuestro equipo.
Entre tanto las nubes que cubrían el paisaje iniciaron su descarga, ya imparable en toda la jornada. Era casi mediodía y paraguas en mano los expedicionarios iniciábamos el camino junto a porteadores y yaks.
Podría ser un camino cualquiera en el Pirineo con la notable diferencia de que a una altitud de 2.500 metros la vegetación es lujuriosa, el verde brillante y el entorno excepcional. Algunos pinos producto de la reforestación, robles, también madroños y muchas flores crecen en esta época en las laderas del valle excavado por el Dudh Kosi. Pequeñas casitas de piedra salpican el camino y las laderas del valle, muchas de ellas convertidas en «lodges», albergues para montañeros en los que igual se puede tomar un refresco, o alojarse para pernoctar.

El domingo, la etapa más dura

La primera etapa de la marcha de aproximación del Everest es la más sencilla, la más corta también si se tiene en cuenta que termina a una altitud más baja que el punto de inicio. Se hace así a propósito para iniciar suavemente la aclimatación que será mejor si se asciende una media de 300 metros diarios.
En un profundo y encajado valle, un sendero camina a media ladera, sube y baja embarrado por las lluvias en un terreno en el que el único medio de transporte es el aéreo o el camino. Los montañeros subíamos ayer y lo hacían al mismo tiempo porteadores, vecinos de las aldeas y transportistas cargados con grandes canastos de vuelta del mercado de Namche. La mayoría calzando chancletas, muchos descalzos. Llevan así de sus pequeños huertos diminutas patatas, sus frutas, las vainas ahora en flor, la berza o las cebollas que se producen en abundancia en esta región del Khumbu. Los porteadores pueden cargar hasta más de cuarenta kilos, en enormes petates que soportan en una cinta apoyada sobre la cabeza. Desprenden un profundo olor a humo que recuerda al que se produce en las cabañas de nuestros pastores. Es lógico cuando es el fuego el calor de sus hogares, encendido en cocinas en el suelo o en un costado de la casa y sin chimenea.  Los tejados de madera o tejido de paja dejan escapar entre sus rendijas el humo después de que este ha impregnado de aroma toda la estancia.
A cada paso en el camino asoman a las puertas niños sherpas que saludan y piden un caramelo o un lapicero al viajero. La jornada de ayer fue un buen contacto con el pie del Himalaya. Aún queda lo más duro hasta alcanzar el glaciar de Khumbu. Soportar los primeros dolores de cabeza y aclimatar el cuerpo a la altitud.
Entre tanto será preciso alimentarse bien. Antes de escribir estas letras nuestros anfitriones en el  lodge Jo’s Garden pusieron en nuestra mesa mucho té y arroz frito con verdura y huevo para mezclar a voluntad con «noodles», unos fideos gruesos cocinados con verdura y tiras de pollo. Y en el postre unos grasientos «pancakes»con azucar. Nada parecido a un buenas buenas alubias pero bastante próximo a la cocina nepalí.
Para el domingo nos queda una de las más duras etapas, entre Padhing y Namche Bazar, con casi cinco horas de camino y un desnivel de ascensión de 700 metros hasta muy cerca de lo 4.000 metros.

Campo base del Everest
Oficina confortable (Foto Kepa Lizarraga)

5 comentarios:

  1. ¡Vaya recuerdos... de la prehistoria!

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  2. Leñe, pues enviar ahora fotos y crónicas desde el Everest será más fácil, pero seguro que tendrá su dificultad... siempre me ha fascinado saber cómo se trabajaba en los periódicos cuando no había ninguna de ls herramientas que hoy consideramos cotidianas....

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    1. Que bueno es ser joven, Zigor.
      Yo te puedo contar que he viajado de copiloto mientras agitaba una cubeta de revelador, parábamos en las cunetas a cambiar los líquidos, desde los Picos de Europa... todo para poder llegar a Bilbao con un rollo fresco del que poder positivar unas copias en el labo del periódico antes del cierre. Cuando había partidos de fútbol o envíos de corresponsales se debían buscar "amigos" en las localidades de destino para revelar y transmitir imágenes por el télex -que tardaban una eternidad-. Y las crónicas o noticias se dictaban por teléfono.
      Desde el Everest mandó antes que yo crónicas Antxon Iturriza. Escribía a máquina; un porteador llevaba los folios a Namche, los ponía en correos y, con suerte, llegaban a destino en unos 15 días. Velocidad de los años 90 del siglo pasado: ¿prehistoria?

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